Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Políticas de Babel

Profesor universitario

Una COP30 sólo a medias

El entusiasmo de la COP30 que acoge estos días la ciudad brasileña de Belém contrasta con un compromiso climático que no termina de resultar ni eficaz ni exitoso. La Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC), en esta edición se propone, como avanzábamos hace unos días, promover mecanismos financieros a fin de facilitar la transición energética en países en desarrollo; herramientas de justicia climática para integrar los derechos de los pueblos indígenas; fórmulas para reducir la presencia de combustibles fósiles sin renunciar a garantizar los empleos sostenibles; y, este año sobre todo, acciones para detener la deforestación y restaurar los ecosistemas degradados.

Destaco esta iniciativa porque el hecho de que Brasil acoja la 30ª edición de la COP en plena Amazonía señala la relevancia de proteger los bosques tropicales y promover la conocida como “bioeconomía amazónica”; es decir, un modelo económico sustentable basado en los recursos naturales. También el presidente del país anfitrión, Lula da Silva, echó mano del foro para impulsar el Fondo de Bosques Tropicales. Su propuesta, destinada a fomentar la conservación de las selvas en todo el mundo, la aprovechó para presumir de sus avances en la reducción de la deforestación en la Amazonía (eso sí, evitó hablar de su reciente autorización para buscar petróleo en el propio delta amazónico; y eso es hacer trampas).

En todo caso, la COP30 constituye un punto de inflexión, ya que es ahora cuando 195 países deben actualizar sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDCs); es decir, aquellas comprometidas en el Acuerdo de París de 2015, y que se expresan en planes anuales concretos de transición energética y abandono de combustibles fósiles en favor de energías renovables para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (como el dióxido de carbono, o el metano). Pues bien, sólo 70 de los casi 200 países han hecho los deberes; con lo que llegaremos a 2035 con una reducción de emisiones de CO2 de entre el 10% y el 15%, cuando en realidad sería necesario lograr un 60%.

Resulta preocupante, pues estas obligaciones son fundamentales para cumplir el objetivo de calentamiento limitado a ese 1,5ºC que ayudaría a evitar que la temperatura global subiese más allá de ese límite; y frenar, así, las olas de calor extremas, las sequías, las lluvias torrenciales, las inundaciones, o los huracanes. Se trata de un umbral que costará respetar. Aunque más difícil de acometer es la “financiación climática justa”; una herramienta financiera que exige a los países más desarrollados incrementar sus fondos económicos destinados a las naciones vulnerables. Y es que el loable “financiamiento climático” prometido (100.000 millones de dólares anuales) tampoco se ha materializado.

Pero, más allá de las contribuciones para pérdidas y daños climáticos, o de las alianzas de cooperación Sur-Sur, este año los panelistas ponen todo su empeño en la necesidad de realizar acciones destinadas a contrarrestar la “negación” científica y económica del cambio climático. Y dentro de esa corriente negacionista destaca Donald Trump, cuya decisión de retirar a EE.UU. del Acuerdo de París se empezará a hacer efectiva a partir de enero de 2026. Trump, que considera el cambio climático “la mayor estafa del siglo”, ha sido el gran ausente de la cumbre. Y China, el mayor emisor de gases, con el 30% mundial; India, el tercero, con el 8,2%; y Rusia, el quinto, con casi el 5%, sólo enviaron delegaciones de segundo nivel. Y claro, así no es fácil avanzar en la lucha climática.

Tracking Pixel Contents