Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | POLÍTICAS DE BABEL

Profesor universitario

La frágil seguridad europea

Nos alertan desde la Unión Europea de que Vladímir Putin podría iniciar un ataque a un país de la OTAN más pronto de lo que pensamos; quizá en apenas unos años. Así lo estima el comisario europeo de Defensa y Espacio Andrius Kubilius, quien es también el responsable de preservar la Paz en el todo el territorio de la Unión Europea, así como de coordinar los planes de Defensa conjuntos y la industria del sector, con el 2030 como horizonte temporal. El lituano lo tiene claro; pero son muchos los analistas que, pese al modo evidente en que el Kremlin está poniendo a prueba el Artículo 4 de la OTAN (y coquetea con el 5), así como el 42 del Tratado de la Unión Europea (TUE), interpretan la predicción de Kubilius como arriesgada y precipitada. El hecho de que el comisario sea lituano pone el foco en el temor de los países bálticos a una mayor presión bélica por parte de la Federación de Rusia. No olvidemos que Estonia tiene a Rusia en su frontera este. Letonia no sólo a Rusia, sino también a Bielorrusia. Y Lituania a una Bielorrusia que presume de la amistad entre Minsk y Moscú. Además, el hecho de ser ex repúblicas soviéticas, agranda la arriesgada hipótesis del apetito expansionista e imperialista del Kremlin.

Pero, más allá de los lógicos temores a una posible agresión rusa que puedan mostrar, tras las incursiones de drones rusos en su espacio aéreo, nuestros socios del norte y el este europeo, ya sea Dinamarca, Polonia, Rumanía, los países bálticos, o cualquier otro aliado; independientemente de la decisión de la OTAN de reforzar su flanco este por medio de la operación “Centinela Oriental”; y pese a la Iniciativa Europea de Defensa Contra Drones (el denominado “muro antidrones” acordado por Bruselas), lo cierto es que la Comisión Europea considera oportuno activar más medidas prácticas y regulatorias para facilitar la colaboración militar en todo el contexto de la Unión Europea. Alude a esta nueva estrategia colaborativa y contributiva con el término de “Schengen militar”. El proyecto sugiere tanto la posibilidad de movilizar y desplazar personal y equipamientos militares a lo largo de Europa, como de agilizar la producción y transformación de nuestra industria de Defensa conjunta. Y la alta institución lo quiere ya para 2027, con lo que entendemos que se ha convertido en una prioridad.

Aun así, los tiempos dentro del espacio europeo los marcan las propias instituciones, que se caracterizan por el exceso de burocracia y la necesidad de lograr amplios consensos. De hecho, todo lo relativo al marco legislativo debe llevar siempre el visto bueno del Parlamento Europeo y hasta del propio Consejo; del mismo modo que las inversiones destinadas a financiar la industria, independientemente del área específica, requieren el dictamen justificado y argumentado de la Comisión. Con todo, dado que hablamos de cuestiones de Seguridad Nacional, y que las medidas regulatorias referidas a la libre movilidad de tropas y equipamiento implican reformar y optimizar infraestructuras sensibles como puentes, vías férreas, puertos, aeropuertos, túneles y carreteras (hasta 500 puntos estratégicos), también los Veintisiete deberán saber adaptar sus propias leyes internas a la nueva legislación que pueda confirmar el propio Parlamento Europeo; y eso, en el caso de algunos Parlamentos nacionales, no resultará tan fácil. La iniciativa, presentada por la estonia Kaja Kallas, suena bien. Reduciría protocolos de más de un mes, a apenas unas horas; y las aportaciones económicas entrarían en el 1,5% que la OTAN encuadra en Defensa. Veremos si somos capaces de aplicarla.

Tracking Pixel Contents