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Opinión | POSDATA

Doctor en Economía

Miradas torcidas

Un querido amigo me recuerda el dicho de Horacio: «Quid leges sine moribus vanae proficunt», cuya traducción, como él dice, invita a reflexionar sobre cuál es el valor de las leyes si no están avaladas por la moral. Y yo, por concretar, yendo más a la práctica, añado que semejante condición se le debe exigir tanto a los que las dictan como a los que las ejecutan.

Me viene a cuento el aviso a la vista de los acontecimientos judiciales que se han producido en España en tiempos recientes, empezando por la actitud poco comprensible del tal juez Peinado, ese señor que no mira de frente, y siguiendo con la inaudita práctica del Tribunal Supremo emitiendo condena antes que sentencia, mirando solo para un lado.

Por relacionar ambos casos, en el primero sorprenden las interminables maniobras con que se busca a quien culpar, mientras que en el segundo lo que llama la atención es la celeridad con que se le impone la pena a un culpable predefinido, con tanta diferencia que resulta harto difícil valorar ambas actitudes sin sospechar que, tanto en una como en otra, prima menos la ley que la intención.

Es reiterada la llamada al respeto de la independencia de los que han de aplicar la ley, para que la confianza que en ellos se deposite sea garantía de corrección. Pero también lo debe ser el reclamo a la ejemplaridad del enjuiciamiento para que, además de las debidas garantías, sea acogido e igualmente respetado tanto por justiciables como por quienes puedan serlo. En el caso de la independencia es responsabilidad ajena el respeto a los órganos judiciales; en el de la ejemplaridad es propia. Una desde fuera y otra desde dentro.

Pues bien, yo creo que en la España que ahora mismo nos está tocando vivir, ninguna de las dos reservas se respeta debidamente, lo que tiene como resultado bien visible la desconfianza bastante generalizada en los procedimientos y pronunciamientos judiciales. «Dios te libre de verte en pleitos», puede ser el colofón.

Quizá lo que esté en juego sean la responsabilidad de unos y la honorabilidad de otros.

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