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Opinión | Buenos días y buena suerte

Profesor titular de Universidad

Ana Merino, el amor y otros demonios

Hablé un buen rato, hace apenas unas horas, con Ana Merino, excelente narradora y poeta, dramaturga también, que acaba de sacar novela en Destino: ‘El camino que no elegimos’. Ana trabajó durante años en los Estados Unidos como profesora universitaria, particularmente en Iowa. La conocí por entonces, en alguno de sus viajes, y después mantuve una larga charla con ella en A Coruña, la ciudad en la que nació su padre, el gran escritor y académico José María Merino.

Ana Merino explica las cosas con nitidez, con profundidad, tiene una voz sólidamente armada, como su literatura, y es muy capaz de analizar grandes temas de la humanidad en esa distancia corta de lo doméstico, de lo familiar. También tiene gran habilidad para tejer los hilos secretos que mueven una comunidad, cómo se mantiene el equilibrio, los afectos y los desafectos.

Ana Merino se pregunta qué diablos es el amor, el enamoramiento. Pero también qué es el desamor. Las mujeres centrales de esta trama (la novela coral es una de sus especialidades) se mueven en apenas unos kilómetros, aunque luego viajan lejos, huyendo de los trabajos de amor perdidos o a la búsqueda de amores no encontrados. O, simplemente, para encontrarse a sí mismas. Lo que sucede es que son caminos no trazados, no elegidos.

Esta novela se inicia con la brusca separación de Juana y Connor (ella es una estudiosa de la literatura del siglo XIX, como su amiga Cécile). Connor decide abandonarla una mañana de domingo, en medio de ese gran vacío dominical. Y se va a vivir a pocos metros, en el campus donde ambos trabajan desde hace dos décadas, cuando se casaron. Y Connor poco a poco se destruye, carcomido por un sentimiento de culpa, aunque, con el tiempo, se reinventa. Juana viaja a España, como siempre, a ver a su familia: no cuenta nada del abismo al que se asoma cada día. Estamos, en cierto modo, ante una novela que recuerda a las llamadas ‘novelas de campus’, tan famosas en la tradición inglesa. Pero ‘El camino que no elegimos’ es mucho más que eso. La novela investiga cómo crece y cómo se marchita la pasión.

Por eso las plantas que Connor ha ido cultivando amorosamente en la casa que compartía con Juana se convierten en toda una metáfora. Esas plantas han contemplado el desamor, el fin de los afectos, pero siguen necesitando los cuidados. Y quizás los esperan. “Las plantas, como el bosque, como el invernadero, nos dicen muchas cosas. El bosque, que vuelve a aparecer, está lleno de secretos. En mis novelas, la naturaleza es un elemento central y aquí lo es, desde la portada hermosa de Carole Hénaff…”, me dice Ana Merino.

Sin embargo, no todos los personajes se mueven en la novela arrastrando una pena. De forma simultánea, Cécile vive un enamoramiento de Marco, veterano de varias guerras, reconvertido en policía. “He conocido a muchos veteranos, en algunos proyectos de desarrollo a raíz del Katrina en los que trabajé. Esa sensación del soldado inexperto que es enviado a destinos en los que suceden grandes guerras… El imperio bélico se alimenta por igual de republicanos y demócratas. La violencia y la guerra en Estados Unidos entra en contraste con la fraternidad de las comunidades rurales. Yo diría que mucha gente allí siente una gran orfandad del estado. He vivido treinta años en el país, conocí a gente que se parece a mis personajes, claro”, me dice.

Pero, aunque Estados Unidos es de nuevo el gran escenario de Ana Merino, esta es una novela sobre las maneras de amar. Y sobre las maneras de perder el amor. Esta es una novela sobre los senderos que a menudo se bifurcan.

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