Opinión | Global-mente
¿Quién quiere oír hablar de Sudán?
La guerra olvidada, o mejor dicho ignorada, de la que nadie quiere hablar ni oír hablar. Así es: la guerra que arrasa Sudán desde abril de 2023 sigue su curso, sin que el derramamiento de sangre conmueva y mucho menos movilice a la comunidad internacional para detenerla.
Sudán, ese enorme país del noreste de África, atravesado por el Nilo y bañado por el mar Rojo, con sus codiciadas minas de oro, es el tablero de juego de las potencias circundantes para asentar su influencia en un territorio estratégico en la región. Al norte Egipto, con el que comparte las aguas del Nilo, y Libia, el Estado fallido; al oeste Chad otro gigante repleto de oro, petróleo y uranio, y la República Centroafricana; al sur Sudán del Sur, otro foco de inestabilidad desde su independencia en 2011; y en su flanco sudeste Etiopía y Eritrea. Y en la otra orilla del mar Rojo ni más ni menos que Arabia Saudí, la superpotencia regional, y Yemen, desde donde los hutíes dominan el estrecho de Bab el-Mandeb, paso obligado para navegar hacia el canal de Suez.
Por si fuera poco, Sudán es también un mosaico de etnias en la encrucijada entre el mundo árabe y el Africa negra. La inmensa mayoría de sus 46 millones de habitantes son musulmanes, el resto cristianos y de otras religiones africanas minoritarias.
Sobre este sustrato combaten dos facciones, el Ejército de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, en inglés) después de haber fracasado la transición a un gobierno civil tras el golpe militar de octubre de 2021. Los protagonistas de aquel golpe, el general Abdel Fattah jefe del Ejército y presidente del país, y el general Mohamed Hamdan Dagalo alias Hemdti, se negaron a ceder poder e incoporar a los cien mil paramilitares de las FAR en el ejercito regular…pues ¿quién sería el jefe?
El pulso estalló en enfrentamiento armado y la poderosa milicia FAR tomó la capital, Jartum el 15 de abril de 2023. Desde entonces ambos bandos libran una guerra feroz que ha causado más de 150 mil muertos, 12 millones de desplazados y una crisis humanitaria que la ONU califica de la peor del mundo.
Ahora la pregunta es quiénes son las FAR y quiénes las arman para poder llevar adelante semejante ofensiva que en junio de 2025 consigue conquistar la zona fronteriza de Sudán con Libia y Egipto, y luego tomar el-Fasher en octubre pasado. La ciudad cayó después 18 meses de asedio implacable de las FAR. Fue una de las raras ocasiones en que la prensa internacional se ocupó de lo que ocurre en Sudán, aunque fue efímero el interés.
Las FAR se formaron en 2013 a partir de la milicia Yanyauid que combatió contra los rebeldes de Darfur, la región occidental cuya principal ciudad es precisamente el-Fasher. El Ejercito sudanés las acusa de genocidio y de recibir armas y apoyo del general libio, Jalifa Hafter, pero sobretodo apunta a los Emiratos Árabes Unidos. En abril de 2025 el Gobierno de Sudán denunció a los EAU ante la Corte Internacional de Justicia de la ONU por complicidad en el genocidio que asegura se está perpetrando contra la etnia masalit en Darfur. En mayo la CIJ zanjó el caso diciendo no tener jurisdicción basándose en una reserva interpuesta en 2005 por los EAU al artículo IX de la Convención sobre el Genocidio. Una contorsión jurídica aplaudida por los EAU pero que no borra los indicios graves de limpieza étnica y crímenes de guerra. Habrá que seguir hablando de Sudán.
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