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Opinión | POLÍTICAS DE BABEL

Profesor universitario

Honduras gira a la moderación

Honduras no ha tenido una buena resaca electoral tras las elecciones presidenciales del pasado domingo, 30 de noviembre. La incertidumbre parece haberse extendido por todo el país. Con el 70% del escrutinio, era Nasry Juan ‘Tito’ Asfura, del Partido Nacional de Honduras (PNH), quien confirmaba su superioridad. Pero, llegados al 80%, era Salvador Nasralla, del Partido Liberal de Honduras (PLH), el que se imponía. Rozaban ambos el 40% del apoyo electoral. La gran derrotada ha sido la oficialista Rixi Moncada, del partido Libertad y Refundación (LIBRE), quien no llega al 20% de los votos, pese a ser la protegida de su esposo, el expresidente Manuel Zelaya, y de la actual mandataria Xiomara Castro; además de contar con el apoyo de la izquierda internacional, incluido el español Juan Carlos Monedero, y hasta líderes de la Flotilla por Gaza. El hecho de que el sistema electoral hondureño otorgue la victoria a aquél que obtenga más votos, aun sin mayoría absoluta, añade emoción a un recuento que será revisado debido a denuncias de fallos técnicos y biométricos, retrasos en la apertura y la recepción de datos, prácticas opacas, intimidaciones, y hasta bloqueos a observadores y periodistas.

Trump apoyó a Asfura; y eso debió de haber influido, dado que el país hondureño siempre ha contado con el apoyo de EE.UU., que tiene incluso una base militar a apenas 100 kilómetros de Tegucigalpa: la Base Aérea José Enrique Soto Cano, también conocida como La Palmerola, al sur de la ciudad de Comayagua. Trump anticipó el indulto al antiguo presidente hondureño por el Partido Nacional, Juan Orlando Hernández Alvarado, que cumplía condena de 45 años de cárcel en EE.UU. por supuesto narcotráfico. Y así lo hizo, alegando irregularidades en un proceso que se inició bajo su primer mandato, pero se resolvió durante la presidencia de Joe Biden. Con todo, aquí lo importante es repasar qué ofrecían cada uno de los candidatos. Así, el conservador Nasry Asfura, favorito en las zonas rurales y los municipios menos poblados (unos 202), apostó por la inversión extranjera, y por la apertura de mercados para relanzar la economía con el apoyo del sector privado. Especial énfasis puso en luchar contra la violencia y el narcotráfico. La generación de empleo y el apoyo a los sectores vulnerables fueron sus banderas. Su política exterior se sitúa en la estela de la nueva derecha de América Latina.

Salvador Nasralla, apoyado por el electorado de las grandes ciudades (81 municipios), y desde el centro-derecha liberal, mostró una actitud crítica hacia los partidos tradicionales, y un ansia de modernización de ese Estado que, según él, debe ser más transparente. Pragmático con respecto a EE.UU. y a Europa, lamenta los despropósitos del socialismo latinoamericano. Finalmente, Rixi Moncada se presentó bajo el lema “democratización de la economía”, para acabar con los privilegios de las élites, y apostar por un modelo de privatización que asusta a los mercados, e incluye la reforma de leyes financieras y la estatalización de sectores empresariales. Alineada a la órbita cubana y venezolana, promete consolidar un “Estado socialista democrático” frente a los monopolios. Sólo 14 municipios se dejaron seducir por ella. Independientemente de que, tras la revisión de las 19.152 actas, sea Salvador Nasralla o Nasry Asfura quien se lleve el gato al agua, el giro en Honduras y en América Latina hacia la moderación, las derechas y el conservadurismo liberal, es innegable; y no hace más que confirmar la tendencia que marcan otros países tan relevantes como Argentina, Ecuador, Bolivia o Chile.

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