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Opinión | On/off

Periodista

Van a por Besteiro

Sorprende la celeridad con que Ferraz actuó en el caso Tomé. No hay comparación con episodios precedentes, de mayor gravedad, por casos de corrupción y acoso a mujeres, y que afectan a niveles más elevados de responsabilidad en el partido y el Gobierno. La agilidad es una cualidad siempre positiva, pero no las prisas. Porque tanta diligencia tal vez impidió alcanzar el objetivo en plenitud. En pocas horas, de la noche a la mañana, el presidente de la Diputación de Lugo y máxima autoridad de los socialistas lucenses se convirtió en un apestado para los suyos. Como consecuencia de su degradación exprés, no tiró del todo la toalla. Continuará como alcalde de Monforte, desaparece el grupo Socialista y será llave en el gobierno provincial.

Por lo conocido hasta el momento, algunas mujeres denunciaron el pasado lunes en el canal interno del partido supuestos comportamientos poco ejemplares del señor Tomé. Al día siguiente, martes por la noche, fueron publicitados en una cadena de televisión de ámbito nacional y pocas horas después, miércoles por la mañana, el denunciado era sentenciado en juicio sumarísimo a la pena capital. Expulsión fulminante. El ya condenado, tras declararse inocente esa misma mañana y negarse a acatar el fallo, lograba frenar a medias la ejecución del mismo refugiándose en su fuerte, en Monforte, donde seguirá de alcalde y mantendrá su asiento en la Corporación provincial. Es de notar, por su ajustada composición, 13 gobierno y 12 oposición, que su voto será determinante en todo momento. O sea, seguirá mandando.

Sin poder valorar los hechos por desconocidos, por lo que hemos de apelar a la presunción de inocencia, da la sensación de que el pánico se apoderó de Ferraz y de Moncloa tras la sucesión de escándalos de los últimos días y horas. La respuesta es fuego, sobre todo amigo, a discreción, sin esperar tan siquiera a iniciar el pertinente proceso de investigación y menos aun a poner el caso en manos de la Justicia, como debiera ser ante hechos que conllevan tan drásticas consecuencias, tanto para las denunciantes como para el denunciado y las instituciones que este preside.

La vara de medir no es igual para todos. Cuando había más que sospechas sobre Ábalos se le premió con el acta de diputado en Cortes, por Cerdán se quemaban las manos en el fuego hasta que entró en la cárcel, a Salazar no se le decía ni pío hasta que meses después un medio de comunicación hizo saltar el escándalo, a la fontanera Leire Díez se le dopaba con cargos en empresas públicas hasta que se pasó de frenada. Todos integraban la corte de Sánchez. Tomé no. Es un socialista de toda la vida, anterior al sanchismo, que por razones de oportunidad y pragmatismo se adhirió a esta corriente. Pero no es del círculo íntimo. Quizás por ello fue que no hubo la menor consideración. Urgía cortar cabezas antes de la temporada de elecciones.

Que Galicia cuenta poco en Madrid, sea o no cierto, es creencia muy extendida por aquí. Y que el PSdeG no pinta nada en Ferraz, aún más. Desde la sede del PSOE se despachan los asuntos que conciernen a la organización gallega sin mucho miramiento. El caso de Tomé es el último. El anterior fue el de los cuatro concejales socialistas de Santiago. Fueron expulsados sumariamente por una cuestión a mil años luz de otras infinitamente más graves sobre las que se hacía la vista gorda. Me remito de nuevo a Ábalos.

Me temo que van a por Besteiro. No hay más que leer las crónicas de periodistas que beben en las fuentes de Ferraz y Moncloa. Reflejan el malestar con la dirección gallega, a la que acusan de actuar con “displicencia” y dando a entender que estaba en el ajo. Valoran, por contra, la contundencia de la alcaldesa de A Coruña, Inés Rey, cuyo nombre viene sonando en los mentideros politicos como futura candidata a la Xunta.

Por su parte, el BNG trata de aprovechar la desgracia en casa ajena. Es ocasión pintiparada para aumentar su granero, pero ha de saber gestionar esta crisis con tino. No vaya a debilitar demasiado a un socio que necesita.

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