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Opinión | Tribuna

Periodista

La APG y la diplomacia cultural gallega

La máxima de “Galicia, un país sen mercado”, Significada por don José Filgueira Valverde, lejos de ser una nota a pie de página, se erigió históricamente como la tesis central de la entonces región y, paradójicamente, como el motor de su diplomacia más efectiva de la ahora Comunidad Autónoma. La ausencia de un mercado tradicional consolidado impulsó la búsqueda de canales de proyección alternativos, encontrando en la cultura el único camino viable, tal como sostuvo Ramón Piñeiro. Esta declaración no es retórica; es la hoja de ruta que ha permitido a Galicia construir una marca país de prestigio innegable.

Estas reflexiones, surgen a raíz de un trabajo en el que se perfila la cartografía del ecosistema comunicativo gallego, promovida por la Asociación de Periodistas de Galicia (APG), presidida por María Méndez, en colaboración con la USC, esta a través de su Facultad de Ciencias de la Comunicación, bajo la tutela de Francisco Campos, las doctoras Tania Fernández Lombao y Marta Rodríguez Castro, la investigadora Ana Loureiro Sánchez, y quien suscribe este artículo. En el informe se demuestra que la proyección de la Comunidad no obedece al azar, sino a una sinfonía polifónica donde cada institución, empresa y mente individual contribuye a un relato colectivo, tejiendo una red de influencia que se proyecta en múltiples escalas.

El relato de la diplomacia cultural gallega se sustenta en cimientos ancestrales de comunicación global. El Camino de Santiago trasciende su función religiosa para revelarse como la arteria histórica que entrelazó las culturas europeas, un mapa viviente de la identidad occidental que culmina en el Fin de la Tierra (Fisterra). Simultáneamente, la emigración, lejos de ser un símbolo de debilidad, operó como la primigenia red de comunicación global, donde los gallegos se convirtieron en embajadores no oficiales, manteniendo un cordón umbilical de identidad que fue vitalizado por la prensa y la radio de la diáspora.

La solidez de esta proyección se cimentó en el canon intelectual y artístico. Desde las audaces visiones de Concepción Arenal y Emilia Pardo Bazán, la trascendencia de figuras como Rosalía de Castro, Valle Inclán y María Casares, y, de manera muy relevante, la Generación NÓS, hasta el Premio Nobel de Camilo José Cela o Torrente Ballester, Alfredo Conde, Carlos Casares, Manolo Rivas, Ledicia Costas... (no están todos, claro, es imposible citarlos aquí), hasta la labor de editoriales y fundaciones, etc. Gracias a ellos, el talento gallego se afirmó como una voz propia en el panorama global. Este legado fue replicado por el mecenazgo estratégico, donde figuras como Pedro Barrié de la Maza y la obra social de las antiguas cajas de ahorro, hoy aglutinadas más o menos en la Fundación ABANCA, sentaron las bases para un desarrollo cultural democratizado.

En la era moderna, la empresa se ha consolidado como motor silencioso de la marca Galicia. Desde los hitos pioneros del textil (Regojo) hasta la escala global de INDITEX y su vinculación con la alta cultura (Fundación MOP), la industria proyecta un valor que va más allá del producto. Marcas como Adolfo Domínguez, Roberto Verino, CH, Bimba y Lola, etc., Estrella Galicia, GADIS, las pesqueras y conserveras, la piedra y el legado vanguardista de Sargadelos han convertido el diseño, la calidad agroalimentaria y la autenticidad en símbolos exportables.

La gastronomía y el Camino de Santiago conforman hoy el ecosistema cultural y comunicativo central. La comida, sublimada por figuras como Álvaro Cunqueiro y los chefs con estrella Michelín o el GRUPO NOVE, se revela como un acto ritual de fe y esperanza que fomenta el entendimiento, con alcance en las legendarias romerías. La creación de la marca Galicia Calidade en 1991 aglutinó este esfuerzo, demostrando una estrategia comunicativa que apalanca la tradición para alcanzar una dimensión global, incluso con fiestas como la del Cocido de Lalín, el pulpo de Carballiño o la lamprea de Arbo.

La red institucional (Consello da Cultura Galega, RAG, RAGC, RAGBA, RAGXL) ha actuado como garante del rigor y la memoria colectiva. La visión de Estado de Manuel Fraga impulsó decisivamente desde 1990 la diplomacia cultural, llevando a los Caminos de Santiago y al Xacobeo a ser un activo de proyección internacional de primer nivel. Finalmente, la excelencia del capital humano en la ciencia (Universidades - Carracedo, Senén Barro, Xatcobeo, etc.-), el deporte (David Cal, el Celta de Vigo y el Superdepor, etc.), el audiovisual con la CRTVG, ahora CSAG), la arquitectura actual (Isozaki, Siza, Eisenman, Chipperfield y los gallegos Manuel Gallego Jorreto, César Portela, Isabel Aguirre, Santiago Rey Pereira, Ameneiros Rey, etc.), sumada a la histórica, sitúan entre otros valores a la Galicia actual en la vanguardia global.

La conclusión de esta sinfonía de la identidad es un triunfo inapelable: el diagnóstico de Filgueira Valverde no fue una condena, sino el impulso para la construcción de una infraestructura cultural de comunicación. Las instituciones, el capital humano y las empresas han tejido una red de influencia que confirma que la imagen de una comunidad no es unívoca, sino la suma de sus múltiples y sofisticadas voces -repito que es imposible citar a todas aquí-. La cultura gallega, en su conjunto, logró lo que la economía tradicional no siempre pudo: dotar a la comunidad de una marca de prestigio y de un lugar de relevancia en el complejo tablero de la era global. Este es el verdadero triunfo de Galicia Calidade.

La Asociación de Periodistas de Galicia y la USC han hecho su trabajo. Toca leer el informe, especialmente a Alfonso Rueda, a los conselleiros, y a los mandatarios provinciales y locales, para así pensar y ayudar a esta Galicia del Tercer Milenio, es misión de buenos hijos y de todos, sin exclusiones.

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