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Opinión | Políticas de Babel

Profesor universitario

La Venezuela de María Corina

María Corina Machado, premio Sájarov a la Libertad de Conciencia 2024, no pudo recibir en persona en Oslo el pasado miércoles, 10 de diciembre, su merecido Premio Nobel de la Paz 2025. Ya el martes el Instituto Nobel anunciaba primero el retraso, y después la anulación de la rueda de prensa previa al acto de la líder de la oposición democrática de Venezuela. Era la crónica de una ausencia anunciada, que confirmó la misma mañana del miércoles el presidente del Comité del Nobel, Jorgen Watne Frydnes. Ana Corina Sosa Machado, hija mayor de María Corina, fue quien recibió, junto al resto de la familia, el prestigioso galardón, y quien declamó el brillante discurso que su madre había preparado para la ocasión. Era la bella y dura imagen de una hija alejada de su madre desde hace casi dos años por culpa del régimen chavista, al igual que sus dos hermanos; y que tantos otros hijos e hijas de la disidencia que sufren la distancia familiar; o que esos nueve millones de compatriotas que han tenido que huir del país.

Nicolás Maduro se mostró nervioso las horas previas a la entrega del Nobel; y el propio Fiscal General venezolano, Tarek William Saab, señaló que, si María Corina abandonaba el país, sería considerada “prófuga”, y tendría que responder frente a órdenes de captura y detención, pues estaba incursa en diversas investigaciones judiciales que, desde 2014, le prohibían abandonar el país, y la acusaban falsamente de conspiración, instigación al odio y terrorismo; y, más recientemente, también de alentar la “invasión de Venezuela” por parte de EE.UU. Menuda falsedad. Menuda injusticia haber tenido que vivir también desde hace más de dieciséis meses en la clandestinidad.

No son tiempos fáciles para María Corina Machado; quien, sin embargo, desde el compromiso mostrado en las urnas por sus compatriotas tanto hacia su persona en las primarias de la Plataforma Unitaria Democrática de 2023 (donde obtuvo el 90% de los votos), como en la vitoria de su sustituto, Edmundo González Urrutia, en las presidenciales de 2024 tras su inhabilitación por supuesta “traición a la patria”, siempre se mostró dispuesta a facilitar una transición pacífica, justa y democrática en Venezuela. Su último gesto fue la divulgación de su Manifiesto de Libertad; un documento en el que la lideresa social venezolana reivindica el derecho de su pueblo a vivir con dignidad, hablar en libertad, crear, soñar, y prosperar socialmente y como individuos.

No estuvo María Corina en el Ayuntamiento de Oslo a la hora de la ceremonia. El riesgo era máximo. Sorprende que, pese al apoyo de EE.UU., Noruega y Curazao (país constituyente del Reino de los Países Bajos), no se haya podido establecer un “corredor diplomático” más eficaz, capaz de trasladar a la premiada con mayor seguridad y celeridad. Pero imagino que la prudencia se impuso; sobre todo sabiendo que el régimen de Maduro cuenta con un amplio espectro de aliados internacionales, con sus respectivos servicios secretos y de Inteligencia, entre los que se encuentran, además de Cuba, Nicaragua, Colombia, o Bolivia hasta hace poco, también China, Rusia, Irán, Bielorrusia o Turquía. Da igual. Fueron miles quienes la esperaron jubilosos bajo el balcón del Grand Hotel Oslo hasta altas horas de la madrugada; y su discurso para la ocasión brilló con luz propia de la mano de su hija; cuya soltura, juventud y naturalidad simbolizan el futuro renovado, libre y democrático que el pueblo venezolano merece tras tantos años bajo el latrocinio, la manipulación electoral, la corrupción sistémica, y la brutal represión del régimen dictatorial de Maduro.

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