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Opinión | Buenos días y buena suerte

Profesor titular de Universidad

El síndrome del boxeador sonado

Muchos dijeron que Sánchez salía demacrado en las entrevistas y en las comparecencias de los últimos meses. Con el rictus más tenso, lo que implicaba contracción labial, para dejar quizás que algunas palabras no brotaran de ese manantial amargo de la frustración, y, con la mandíbula de hierro, armada quizás para soportar el vuelo de los uppercuts, aunque revelando, al tiempo, esa crispación que muestran a veces los músculos faciales, esa lectura de la carne a la que somos hoy en día tan aficionados.

Han querido insistir sus rivales en ese leve deterioro físico, en las marcas del tiempo y del estrés, y más porque la oposición siempre tuvo la certeza de que Sánchez era un tipo duro de hormigón armado, al que misteriosamente no le afectaba la fatiga de los materiales. Pero son muchos meses de lucha sin tregua en varios frentes, junto al daño interior, y ahí está ya el síndrome del boxeador sonado. Finalmente cree la oposición, Feijóo sobre todo (porque Abascal simplemente deja pasar el tiempo), que el presidente refleja por fin esa ausencia de aire en su entorno, y quizás busca la esquina con la mirada un tanto perdida. Y contemplan el supuesto temblor de sus piernas como un milagro, o poco menos, porque Sánchez parecía en verdad indestructible (y ‘L’Espresso’ acaba de elegirlo ‘Persona del año’, como referente en Europa).

Hay pues esa sensación casi física de derrumbe, lo que es un logro de comunicación de la derecha y un síntoma de inacción de la izquierda. En el centro del ring político está un Sánchez que se cubre el rostro ante los golpes que arrecian, se diría que golpes de muy diversa procedencia. Antes de que se pudiera recuperar el gato Sánchez, mucho más gato que perro, de tantas vidas como acumula, han vuelto a caer repetidas hondonadas de hostias (sic) en su mandíbula de hierro, porque el político peligroso es siempre el que queda malherido, habrán pensado sus contrarios. Sánchez ya volvió del inframundo en su día, y sus opositores saben muy bien que podría volver a hacerlo, así que quieren asegurarse de que ahora bese la lona. Los analistas hablan de erosión, sin pausa, pero con prisa, porque urge la llegada al poder, la oposición no lo ha disimulado nunca, desde el primer día. Y todo unido a que Sánchez no parece el mejor haciendo castings.

Muchos creen (rivales y algunos ex) que los golpes de ariete han funcionado y ya los muros empiezan a ceder. Por si fuera poco, la vieja máxima, que ahora presumiblemente debería ser tuneada como ‘a perrosanxe flaco, todo son pulgas’, parece describir con precisión la nueva realidad. Al asedio exterior se suman los problemas internos de los últimos días, como los presuntos casos de acoso, y, desde luego, los efectos de la judicialización de la política y las derivadas de la corrupción y sus atmósferas. Mucha plancha.

Es la tormenta perfecta, habrá resumido alguno. Lo de ‘flooding the zone’, la técnica de inundarlo todo dialécticamente para que no haya tiempo de elaborar un relato alternativo, puede ser una denominación de mal gusto, si uno piensa en la dana, pero ha pasado ya de lo dialéctico a los hechos concretos. Indiscutiblemente, la izquierda, en particular Sánchez, se ha visto superada y con muy poca capacidad de respuesta. Los que dan a Sánchez por amortizado, porque piensan que de esta no se levantará, tal vez fabulan ya con tener una vida política posterior. Puede que Sánchez espere a que se comprueben los efectos del desembarco ultra en algunas autonomías. Pero, la cosa es ‘hic et nunc’, aquí y ahora: sin una respuesta, el KO está cerca.

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