Opinión | Firma invitada
Desilusión en la Filharmonía
En un artículo de El Correo Gallego el pasado domingo se ponía de manifiesto la desilusión que tenían muchos de los músicos de la orquesta con los derroteros que imponía el director y la directora técnica Sabela García. Se criticaba al director, así como se ponía de manifiesto la ausencia de directores y solistas de prestigio en el auditorio, así como de peticiones para que la orquesta vaya a salas de conciertos prestigiosas, como anteriormente sucedía.
La respuesta del Consorcio se basaba en que no había presupuesto para contratar a solistas y directores de prestigio y que los que se contrataban eran los posibles para que la orquesta fuese sostenible. La misma razón presupuestaria se aducía para la ausencia de giras de la orquesta. Sin embargo, no se contestaba a la pregunta de por qué con un presupuesto análogo, hace solo unos pocos años, si que pasaban directores y solistas de prestigio y ahora no. Tampoco es convincente la respuesta respecto a las invitaciones fuera, dado que el presupuesto de las giras es cubierto en gran parte por quien invita. No se va fuera por la sencilla razón que la ilusión de la orquesta es inferior a la que tenía con los tres directores anteriores y eso se traduce en la calidad y por ello, no es invitada fuera.
El director, en una carta abierta, hace hincapié en acercar el público y la orquesta al mundo actual y al territorio. Es loable que un director de orquesta haga esto, aunque descuide de mencionar lo fundamental, es decir, conseguir que siga siendo una orquesta prestigiosa y de calidad. No decía como se acercaba la orquesta al territorio dado que como, residente en Madrid, este es su territorio.
El gran director Ros Marba, antiguo y añorado director en una entrevista en El Correo Gallego, decía cosas muy sensatas y de sentido común como que es imprescindible que la orquesta y su director deben estar en sintonía y si no la hubiese, él se iría. También añadía que la gerencia era fundamental y tendría que ser activa, recogiendo los gustos y el ambiente cultural en que se debe desarrollar la orquesta.
Esta temporada en los 19 conciertos de la Real Filharmonía se programan 30 composiciones de música contemporánea, muchos de los cuales se anuncian como estrenos mundiales. El director y la directora técnica se han empeñado, como si fuese una cruzada personal, en tratar a la orquesta y al público como un laboratorio experimental de música contemporánea. No hay ninguna de las orquestas españolas e internacionales conocidas que programen tal cantidad de composiciones de música contemporánea. El público esta abierto a la música contemporánea de calidad y también a explorar nuevos ritmos y sonidos, pero no a composiciones que no solo son estrenos mundiales en Santiago sino que la mayoría no se volverán a oír en ninguna otra sala de conciertos. El público acude a disfrutar no a padecer.
Respecto al número de abonados, el consorcio y el director dan unas cifras que solo expresan un leve descenso en los últimos años pero no expresan toda la realidad. Hay alrededor de cinco conciertos, como el de Navidad, el de Reyes, o el de cine Europa en que el auditorio se llena, 1.100 asientos. También se llena con los conciertos didácticos donde acuden los profesores de colegios e institutos con todos los alumnos. También tienen una buena entrada los conciertos de música bárroca dirigidos por la artista en residencia Amandine Beyer. Si se descuenta este tipo de conciertos, la media de alrededor de 650 que menciona el consorcio y el director baja a entre 400 y 300, como decían los músicos. Muchos de estos asistentes llegan a la mitad del concierto o se quedan en la cafetería esperando que acaben los estrenos mundiales que tanto gustan al director. Hay algunos, como el del pasado 11 de diciembre, en que no llegaron a 300 los asistentes.
La situación de la orquesta es crítica y se debe enderezar. Ha costado mucho su inicio y consolidación. Las autoridades deben resolver la falta de sintonía del director y de la dirección técnica con muchos músicos y con parte del público. En el año 1995, solo el empeño y la tenacidad del alcalde Xerardo Estevéz hizo posible la consecución de una muy buena orquesta, superando incomprensiones e incluso manifestaciones públicas en contra. Después de 30 años, sería imperdonable que Santiago no la potenciase y cuidase como se merece ella y el público, por encima de obsesiones personales.
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