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Opinión | POLÍTICAS DE BABEL

Profesor universitario

El aliento de Trump sobre Maduro

Donald Trump no descarta nada; incluso la guerra si hace falta. Así se lo manifestó a un medio televisivo estadounidense este mismo viernes, cuando le preguntaron sobre sus iniciativas con respecto Venezuela. Añadió el impulsivo candidato al Nobel de la Paz, que las incautaciones de petroleros frente a las costas venezolanas continuarán “si son tan estúpidos de seguir navegando”. Como respuesta, Nicolás Maduro se limitó a desearle al pueblo estadounidense unas felices navidades; aludiendo, al mismo tiempo, a la necesidad de “ser felices”. Pero Trump no está ni para felicitaciones ni para bromas. El neoyorquino lo dejó claro el martes, cuando declaró el bloqueo total y absoluto de los barcos petroleros de la “flota fantasma” que entren o salgan de Venezuela.

Hablamos de compañías navieras y 29 petroleros sancionados por “piratería internacional”; es decir, por violar bloqueos, utilizar banderas falsas, anular dispositivos de localización, o facilitar el comercio ilegal de petróleo incluso hacia China, Rusia o Irán. Formarían parte de una arquitectura financiera y estratégica para, presuntamente, erosionar el régimen internacional de sanciones, blanquear el dinero del Fondo Conjunto Chino-Venezolano (FCCV) y del propio Fondo de Desarrollo Nacional (FONDEN); así como beneficiar, junto con otros proyectos industriales y de infraestructuras, a cárteles de la droga de Venezuela, Colombia o México, y hasta a regímenes como el iraní. Como señaló Trump, ésa es la razón por la cual la República Bolivariana está “completamente rodeada por la Armada estadounidense en una magnitud nunca vista antes en Latinoamérica”. Según el presidente Trump, “el shock va a ser impactante”. Eso sí, salvo que el régimen de Maduro les “devuelva el petróleo, las tierras y los activos que le han sido arrebatados a EE.UU.”.

Por su parte, el autócrata venezolano responde como acostumbra: cantando y recitando para quitarle hierro al asunto; y asociando la sangre y la guerra a ese petróleo que, supuestamente, Trump le quiere arrebatar (y no estimular de forma interesada a través de inversiones también en otros múltiples recursos naturales que atesora, desaprovecha, o gestiona en beneficio propio, el régimen). De lo que no dice nada, de momento, es de bajarse del trono dictatorial que ocupa, o de permitir la transición hacia esa Venezuela próspera, libre y democrática que la sociedad demanda. Por no reconocer, no reconoce ni siquiera los vínculos del país y de sus dirigentes con el narcotráfico; algo que hoy día dan por probado diversos organismos internacionales, así como exagentes de Inteligencia y exdirigentes políticos del propio régimen chavista.

Por eso, mientras Trump se dirige a la nación recordando las ocho guerras que ha logrado frenar, lamenta el legado de Joe Biden, presume del progreso de la gran potencia norteamericana, alardea del respeto internacional hacia su persona, y bosqueja en 18 minutos sus políticas de crecimiento económico y sus iniciativas fiscales, el precio del petróleo vuelve a subir, y Maduro percibe el aliento de Trump cada vez más cerca. Y así será hasta el derrocamiento final de la cornucopia del poder venezolano; o hasta que el pupilo de Hugo Chávez y su cuadrilla sean capaces de devolver los activos, bienes y empresas que nacionalizaron de manera unilateral. Sólo entonces se frenará el éxodo venezolano, y se cortará ese tráfico de sustancias ilegales (incluido el fentanilo) que Washington considera un “arma de destrucción masiva”. Es una pena que nuestro Gobierno no haga más por la libertad de nuestros hermanos del otro lado del Atlántico.

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