Opinión | Firma invitada
Navidad
No solo en el mundo occidental, o en los países que tienen una implantación notable del cristianismo, sino también en otros lugares se celebra de una u otra forma la Navidad. La influencia del cristianismo, y lo que representa el nacimiento de Jesús, alcanza de alguna manera a muchos países y a sus ciudadanos. Es paradójico que se celebre lo que fue el nacimiento de un niño en un establo, «porque no había sitio en la posada para él», en un pueblo pequeño, de un país insignificante, alejado del centro del imperio romano que dominaba el mundo. En un mundo en el que no había los medios de comunicación que conocemos hoy y la propagación de noticias se hacía casi exclusivamente de boca en boca. No era un aristócrata, ni pertenecía a una familia notable. Solo se enteraron de su nacimiento unos sencillos pastores y unos buscadores abiertos a lo imprevisible.
Sin embargo, su repercusión ha sido notable. Se puede decir que fue el revolucionario más importante de la historia, que trastocó y transformó el mundo de una manera radical, sin apenas tener necesidad de alzar la voz. Esta semana, el mundo occidental celebra su nacimiento, pero ignora la figura de Jesús y qué es lo que decía y hacía. Hay pensadores, como Garaudy, que dijeron que el cristianismo debe dejar salir a Jesús fuera para que la gente de fuera también lo conozca.
Muchas de las cosas que dijo eran chocantes o desde luego chocan con el «bienestar» del mundo occidental. Explicaba con fuerza sus ideas de una manera sencilla. Así expresó lo que quería decir amar al prójimo con el ejemplo de un herido en un camino que solo era auxiliado por uno de fuera del establishment (samaritano) y no por un sacerdote, ni por un abogado oficial (escriba). Hablaba del perdón mostrando a un padre que recibía y le hacía una fiesta a la vuelta del hijo que había dilapidado su fortuna. Llamaba benditos a los pobres porque eran libres y no les dominaba el poderoso señor del dinero, también a los mansos y humildes, a los misericordiosos, a los que lloraban porque sabían lo que era el sufrimiento, a los que luchan por la paz, a los que son buenos por dentro y piensan lo mejor de los demás, también los que luchan por la justicia... Se alegraba y daba gracias porque le entendían los sencillos y humildes y no los «sabios» y «prudentes» de este mundo. Les sacaba los colores a los que les gustaban los primeros puestos, y a los que buscaban prestigio entre los ciudadanos. No tragaba a los vanidosos y engreídos. No tenía casa, ni tienda, ni nada. Le gustaba la naturaleza y se pasaba horas y horas contemplándola, orando. Trataba muy bien a las mujeres, mucho mejor de como lo hacían sus coetáneos.
La celebración de su nacimiento en estos tiempos, a algunos les sirve para entrar en la rueda de hacer compras sin freno, e incluso para hacer carreras para ver quién pone más luces en su ciudad y hace más ruido. Sin embargo, también puede servir para hacer silencio dentro de nosotros y acordarse de los benditos de la Tierra, que decía Jesús, viendo la fuerza de la debilidad en el niño, como lo hicieron los sencillos pastores y los reyes, inquietos buscadores. Así encontraron y desearon paz a los hombres de buena voluntad.
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