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Opinión | Políticas de Babel

Profesor universitario

Epstein: el amigo indeseado

El pasado mes de noviembre el Congreso de EE.UU. aprobó la Ley de Transparencia de los Expedientes Epstein (‘Epstein Files Transparency Act’); una ley que exige que el Departamento de Justicia (DOJ) publique todas las actuaciones, documentos y registros sensibles que el Gobierno Federal tenga sobre el depredador sexual Jeffrey Epstein (hallado muerto en su celda el 10 de agosto de 2019); su pareja, colaboradora y asociada Ghislaine Maxwell (quien está cumpliendo una condena que solicita sea revisada), y Sarah Kellen (acusada de los mismos cargos). El objetivo era desvelar su red de abusos sexuales y la identidad de quienes participaron en unas actividades que hoy investiga la justicia. Donald Trump firmó esa ley el 19 de noviembre, con la idea de que los comités judiciales del Capitolio tuviesen acceso a toda la información (fotos, denuncias policiales, expedientes del FBI, y hasta registros de viajes) antes de 30 días; un plazo que no se cumplió.

Están generando duras críticas el retraso de la publicación, las páginas emborronadas, los datos censurados o tachados, y los archivos que han desaparecido inicialmente de la página web “Biblioteca Epstein” de un Departamento de Justicia que justifica estas irregularidades apelando a la protección de la identidad de las víctimas. Lo cierto es que las disputas entre el poder Legislativo y el Ejecutivo son evidentes; hasta el punto de que ciertos legisladores amenazan con denuncias por desacato al Congreso, acciones judiciales, y hasta procesos de ‘impeachment’ contra altos funcionarios si no respetan la ley del 19 de noviembre.

Sin duda, el Departamento de Justicia sale tocado, provocando una lucha entre el Partido Demócrata (con nombres destacados que aparecen en los archivos, pese a su proximidad al movimiento #MeToo), y el Partido Republicano (con un sector MAGA que carga contra las “élites”, señala al aparato demócrata, y acusa al DOJ de proteger a sus rivales políticos). Aunque es mucho lo que falta por publicar, sorprende ver la diversidad de celebridades y personajes públicos que rodearon al pederasta y proxeneta Epstein en su momento de mayor bonanza. Desde Bill Clinton, Michael Jackson, o Mick Jagger; hasta Kevin Spacey, Dustin Hoffman, Alec Baldwin, Bill Gates, Chris Tucker, David Copperfield, Diana Ross, Rupert Murdoch, el ideólogo ultra Steve Bannon, el cineasta Woody Allen, el cofundador de Google Sergey Brin, o el lingüista de izquierdas Noam Chomsky. Ya antes habían aparecido en documentos judiciales relacionados con Epstein nombres como los del Príncipe Andrés, Alan Dershowitz, Bill Richardson, Stephen Hawking, Ehud Barak, o Leonardo DiCaprio. Y aunque de momento no hay base legal para vincular jurídica y delictivamente estos nombres con los hechos penalmente investigados, es indudable que la publicación de los papeles de Epstein constituye un claro ejemplo de la tiranía del éxito.

Hoy aquellos cuyos nombres aparecen en los archivos, y siguen vivos, lamentan su situación. Pero lo cierto es que en su momento muchos de ellos no dudaron en arrimarse al poder y aprovecharse de la popularidad de quien hoy es repudiado; ni siquiera cuestionaron la ética de sus actividades, o el modo en que había logrado un éxito al que los hoy señalados incluso contribuyeron. Ahora todos reniegan de esa amistad de la que presumían hasta hace poco. Es ésta una actitud muy humana; y también es verdad que no todos tenían el mismo grado de conocimiento sobre el modo de vida y las actividades del malogrado magnate. Pero la tiranía de lo que acostumbra a rodear una rápida escalada hacia el éxito, es incuestionable.

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