Opinión | Fe de errores
Pensamiento fuerte, pensiero debole
Desde que en 2011 Terry Eagleton publicó Why Marx Was Right, inmediatamente accesible en español (Península), no ha dejado de avanzar la corriente conocida como “Nueva lectura de Marx” promovida por Hans-Georg Bachaus y Helmut Raeichelt, que viene a insertarse en la que me gusta calificar como Galaxia Post, no tanto en clave de posmarxismo sino, por el contrario, de poscapitalismo. Destacan asimismo en la misma línea las aportaciones del profesor berlinés Michael Heinrich, autor de una nueva introducción a El Capital, también recientemente traducida (Guillermo Escolar Editor, 2022). Y no deja de darme vueltas en el magín que, a este respecto, la China posmaoista significa bajar de las musas al teatro, por decirlo al modo lopesco.
Junto a la Deconstrucción, se suele caracterizar igualmente al Posmodernismo por lo que Gianni Vattimo calificó de “pensiero debole”. El pensamiento débil es un pensamiento anti-metafísico, contrario a todo orden objetivo del Ser. Vattimo considera, como Heidegger, que el Ser es evento; esto es, apertura de horizontes a través de la Historia. Pero también existe una proyección política de estas sus ideas. El pensamiento “fuerte”, el metafísico, solo puede ser ejercido imperialistamente por los vencedores. El pensamiento débil, al contrario, pertenece a los marginados, los disidentes, las minorías que lógicamente no luchan por mantener el orden establecido del mundo, sino por ponerlo en cuestión. Y es aquí donde esta dimensión del Posmodernismo en la formulación de Vattimo conecta inmediatamente con la problemática de las identidades, con los afanes del multiculturalismo y con las críticas implacables del poscolonialismo contra el eurocentrismo imperialista y contra el racionalismo ilustrado, considerado ahora como un instrumento opresor, nunca liberador.
Pero también cabe acogerse al significado recto de ambos adjetivos, entiendo por débil algo de poco vigor, fuerza o resistencia, y fuerte lo que está sobrado de tales cualidades. Como, por ejemplo, el marxismo.
Una buena muestra de esta contraposición me parece la que encuentro en el Manifiesto contrasexual del filósofo español Paul B. Preciado (Anagrama, 2021. Primera edición francesa de 2000). Cuando comienza a explicar el concepto de contrasexualidad, cuyos orígenes atribuye indirectamente a Michel Foucault y directamente de Judith Butler, establece una curiosa y significativa concomitancia metodológica entre su proyecto y el Grundrisse de Karl Marx, primer esbozo de las ideas que luego cuajarían en la magna obra de El Capital.
Así como el filósofo de Tréveris aborda allí los fundamentos de una crítica de la economía política, Preciado definirá la sociedad contrasexual, con la claridad que lo caracteriza, como “la deconstrucción sistemática de la naturalización de las prácticas sexuales y del sistema de género” para instaurar “la equivalencia (y no la igualdad) de todos los cuerpos-objetos hablantes que se comprometen con los términos del contrato contrasexual dedicado a la búsqueda del placer-saber”.
Pero lo más interesante, al propósito de identificar algunos rasgos distintivos del pensamiento fuerte frente al débil, es cómo el autor de este manifiesto se remonta al momento en que Marx se planteó el enfoque metodológico de la obra antes mencionada, lo que me sugiere buscar en ambos el fundamento e inspiración a los que se acogieron antes de abordar el estudio de sus respectivos temas: el análisis económico y la sexualidad.
Y así, mientras el autor del Grundrisse descartó, por ejemplo, como punto de partida la idea de población y se fijó en la de plusvalía, su homólogo del Manifiesto contrasexual desestimó partir de nociones como género o diferencia sexual y prefirió centrarse en el dildo, “un objeto de plástico que acompaña la vida sexual de ciertas bollos y ciertos gays queers”. Se trata, claro está, del consolador que los griegos llamaban olisbos. En consecuencia, su planteamiento lo lleva a formular la siguiente aporía, un enunciado que implica su inviabilidad en el orden racional: la contrasexualidad se basa en que en el principio fue el dildo. El dildo antecede al pene. Es el origen del pene.
Preciado, desde tales supuestos, aboga por generalizar la noción de dildo para contribuir con ello a la reinterpretación de la historia de la Filosofía y del Arte. Y pone un ejemplo que recuerda a Jacques Derrida, quien lo invitara en 1999 a su seminario de la École des Hautes Études: la escritura tal y como la describe el maestro de la Deconstrucción no sería sino “el dildo de la metafísica de la presencia”. Se trata, en todo caso, de “una herramienta epistémica muy poderosa”, como se confirma en la “Nueva introducción al Manifiesto contrasexual”, firmada por Preciado en noviembre de 2019.
Un año después de esta confirmación de su manifiesto, émulo del que Marx y Engels lanzaron en 1848, Francisco Erice publicó un libro que representa una notable contribución a la crítica del posmodernismo y constituye todo un alegato en defensa de la Razón. Enfatiza, así, la superioridad de la razón pensante frente a la “mera emoción y la voluntad”, uno de los síntomas de la afección posmoderna que, muy oportunamente, relaciona con personajes “bastante más siniestros” que Marx por su irracionalismo y talante reaccionario como Nietzsche, Heidegger o Carl Schmitt. Y, sin embargo, son estos últimos los que sorprendentemente se han convertido “en gurús de una sedicente izquierda posmarxista, posmaterialista y posmoderna”.
En su libro titulado precisamente En defensa de la Razón (Siglo XXI, 2020) Erice reivindica, por el contrario, un materialismo pluralista, no monista, de signo racionalista y dialéctico como el desarrollado en España por el filósofo Gustavo Bueno. Y participa de la idea de que renunciar al marxismo contribuye a “cavar la tumba de la Razón”, empeño en el que destacaron Nietzsche y Heidegger con su antihumanismo y su giro lingüístico de sesgo deconstructivo en el contexto de un pensamiento refractario a los grandes relatos legitimadores, fruto de un “pensiero forte”. Entre ellos, cómo no, el marxismo.
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