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Opinión | Políticas de Babel

Profesor universitario

Europa exagera con EE.UU.

La Nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) publicada en Estados Unidos este mes de diciembre ha generado en Europa un debate tan apasionado, como quizá precipitado. Es cierto que algunas de las ideas que allí se exponen sobre Europa suenan demasiado arriesgadas, y a veces incluso rozando lo ofensivo. Pero también encontramos pasajes y aseveraciones de reconocimiento y hasta de admiración. El texto abarca 29 páginas. De ellas, nuestro viejo Continente protagoniza apenas 3. Entre las loas y las buenas intenciones, destaca el hecho de que se diga que para EE.UU. “Europa sigue siendo vital estratégica y culturalmente”. Seguidamente se señala que “el comercio transatlántico continúa siendo uno de los pilares de la economía global y de la prosperidad americana”.

Se enfatizan nuestros sectores manufacturero, tecnológico y energético, que son catalogados como “robustos”. Se señala a Europa como sede de un “avance científico innovador”, así como el “liderazgo mundial de nuestras instituciones culturales”. A partir de estas premisas, el documento “anima” a los aliados políticos europeos a aumentar su compromiso patriótico, y a revitalizar su espíritu histórico y sus valores; aquellos que vinculan a Europa con Norteamérica. De hecho, incluso se indica que los Estados Unidos de América están sentimentalmente unidos al Continente europeo, especialmente a Reino Unido e Irlanda. Todo ello constituye una base idónea sobre la que establecer, con los aliados más creativos, capaces, confiables y democráticos, condiciones de “estabilidad y seguridad”.

El documento apunta a la necesidad de trabajar conjuntamente para recuperar esta histórica grandeza que, según los relatores del texto, ha caracterizado a Europa. Pero, para ello (y es aquí donde entran las críticas de la Administración Trump), “Europa debe corregir su trayectoria actual”. Se refiere el texto a una serie de retos que eviten el paulatino ocaso de nuestra civilización, de forma que el Continente no llegue a resultar “irreconocible de aquí a 20 años”. El texto, redactado a varias manos y revisado por los hombres más cercanos a Trump, comienza, eso sí, con una advertencia sobre los problemas europeos en términos de “insuficiente gasto militar”, “estancamiento económico”, y pérdida de peso en el PIB global; debido, según los autores, a un exceso de “regulaciones transnacionales” que socavan la creatividad y el desarrollo industrial. Esto podría llevar a una “erradicación civilizatoria”; sobre todo si persisten las “actividades” que debilitan la “libertad y la soberanía política”; y continúan las “políticas migratorias” que están “transformando el Continente”.

El documento lamenta las muestras de “censura” frente a la “libertad de expresión” y a la “oposición política”; lo que podría provocar la pérdida de “autoconfianza”. Y presenta esta falta de confianza como la causante de esa posición ventajosa, pero inmerecida (salvo por su superioridad nuclear), de Rusia. Es aquí donde EE.UU. se presenta como salvaguarda de la estabilidad económica europea, de la preeminencia estratégica de Europa frente a Rusia, y de la reconstrucción de Ucrania como un Estado viable. La sección dedicada a Europa finaliza con las prioridades de EE.UU., entre las que destacan la ayuda para que nuestro Continente sea capaz de asumir su propia defensa, la colaboración política y armamentística, el intercambio cultural y educativo, los lazos comerciales, y la lucha contra las prácticas económicas hostiles. Así pues, no todo es negativo en un texto ante el que nuestros representantes han reaccionado de una manera demasiado apresurada.

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