Opinión | Firma invitada
Termodinámica del poder
Se puede pensar que la Física y en concreto la Termodinámica no tienen nada que ver con el poder y algo de razón tienen los que piensen así. Sin embargo, hay muchas veces que ciertas analogías con origen en la Física han sido muy beneficiosas en otros campos. Así, en el libro fundamental de la Economía, la Riqueza de las Naciones, Adam Smith se inspira en Newton y las leyes que había establecido sobre la gravitación y el movimiento. Los precios «gravitaban» entre la oferta y la demanda hasta que estas se equilibraban. Muchos otros ejemplos se pueden mostrar entre la Física y las Ciencias Sociales, uno de los recientes es la teoría de la complejidad.
El filósofo Byung-Chul Han, reciente premio príncipe de Asturias, inspirado en Simone Weil, desarrolla una termodinámica del poder. Cualquier ser humano tiende de una manera natural a ejercer y disponer de todo el poder y capacidad que posee. Como si fuese un gas tiende a ocupar todo el espacio que dispone. De la misma manera que un gas se expande por todo el volumen de acuerdo con un principio termodinámico (aumento de entropía) así lo hacen los seres vivos. La ampliación de poder se siente como una ampliación de uno mismo. Por ello quiere expandirse al máximo aunque sea en detrimento del espacio de los demás. Así consigue estar consigo mismo en el otro. Esta tendencia potenciadora del yo, de alguna manera está en la misma vida, dado que no es más que el principio de supervivencia, señalado por Darwin como fundamental en la evolución de las especies. No es una cuestión teórica, sino de comportamiento, que sucede todos los días en todas las especies, incluyendo la humana. En cuestiones tan cotidianas como puede ser una simple conversación en un grupo de personas, aparece este comportamiento. Frecuentemente aparece alguien que pretende ser el centro de la conversación intentando ocupar el espacio y tiempo disponible, al mismo tiempo que surgen otros que también quieren meter baza.
Superar esta tendencia natural supone una renuncia voluntaria a nuestro poder o lo que es equivalente a una retirada de nuestro yo. Esto es equivalente, en la analogía de la expansión del gas, a una contracción del gas, dejando un vacío. Es una renuncia de sí mismo que contrapone a la termodinámica del poder la termodinámica del vacío y desde la Física surge la pregunta de donde viene la fuerza necesaria para hacer posible el vacío.
El filósofo Han pone el ejemplo de la limosna o la donación de algo. Se puede hacer, buscando alguna recompensa o algún reconocimiento o por el contrario ser totalmente gratuita. En el primer caso, es simplemente una expansión de uno mismo. En el segundo caso se experimenta el vacío de algo que se tenía y ahora no se tiene para beneficio de otros. Es una renuncia a uno mismo.
La especie humana no solo se caracteriza por la necesidad de supervivencia, sino también lleva dentro de sí una fuerza que hace posible que ese interior no se llene y permita existir un vacío que haga posible la cooperación y la donación gratuita. La cooperación hace también, indirectamente, un gran bien a uno mismo ayudando a su supervivencia.
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