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Opinión | POLÍTICAS DE BABEL

Profesor universitario

Política internacional en 2026

Se presenta un año difícil en política internacional. En lo que a la guerra en Ucrania se refiere, tres cuestiones seguirán negociándose: las concesiones territoriales a Moscú, el control de la central nuclear de Zaporiyia, y las garantías de seguridad en el espacio que le quede a Ucrania. En la estrategia diplomática sobre Ucrania, la UE tratará de meter cabeza. Por su parte, Benjamin Netanyahu intentará protegerse de los tribunales y de sus socios radicales del Gobierno; exigiendo el desarme de Hamás para avanzar en el acuerdo de Paz; ‘ocupando’ más espacio en Cisjordania; y tratando de convencer a Trump sobre la amenaza nuclear y balística iraní (y el descontento de la sociedad persa) para tenerlo entretenido y de su parte en el Consejo de Seguridad de la ONU, y seguir así nutriéndose económica y militarmente de EE.UU. Incluso es previsible que Israel y Hezbolá retomen sus enfrentamientos en el Líbano.

El mar Rojo continuará padeciendo la guerra en Yemen y las acometidas de los hutíes. El reconocimiento de Somalilandia (en el Cuerno de África, bajo el Golfo de Adén, y con Yemen al otro lado) le aportará a Israel un mayor control sobre la entrada al mar Rojo, y tener más ventajas técnicas y estratégicas frente a los ataques de los hutíes apoyados por Irán. La guerra civil en Sudán continuará, afectando a países vecinos, y sin contar con el interés de la Comunidad Internacional. El ISIS tratará de expandirse a lo largo del Sahel, especialmente en Níger, Malí, Burkina Faso y hasta Nigeria. La República Democrática del Congo y Etiopía buscarán apoyo internacional para reducir la violencia y los combates que fragmentan sus territorios. Y la guerra en Myanmar demandará la ayuda exterior para apaciguarse.

El mar de China Meridional sufrirá las tensiones entre China, Filipinas y EE.UU. Y también el Oriental verá a la República Popular aumentar su asedio a Taiwán, como hemos visto estos días con sus maniobras con aeronaves de guerra y fuego real en el entorno de la Isla. Asimismo, habrá que prestar atención a la represión de Beijing en Xinjiang (contra los uigures), y en Hong Kong. Corea del Norte tratará de abrirse al mundo turísticamente, mientras presume de su músculo militar y balístico frente a Japón y Corea del Sur.

Trump presionará y buscará a los cómplices de Nicolás Maduro en Venezuela; e intentará forzar una transición democrática que haga que otros países vecinos pongan sus barbas a remojo. Así, Colombia debe tomar nota del proceder del presidente estadounidense en el Caribe; y Cuba y Nicaragua ahora ya saben que quedarán malheridas al perder todo el apoyo económico y petrolero de la República Bolivariana. Entretanto, la UE, África y América Latina sufrirán la rivalidad económica, comercial y estratégica entre EE.UU. y China; y los flujos migratorios aumentarán las tensiones políticas en Asia, América y Europa. La marea azul en América Latina tratará de ampliarse tras Uruguay, Paraguay, El Salvador, Argentina, Ecuador, Bolivia, Chile, Honduras, etc.

En 2026 habrá comicios presidenciales en Costa Rica, Perú, Colombia, Haití, y Brasil. También tendremos que estar atentos a los de mitad de mandato en EE.UU. Los BRICS+ y el Sur Global seguirán creciendo. Y la ONU, la OMC y la OTAN sentirán la necesidad de redefinirse. El acuerdo entre la UE y Mercosur necesitará fórmulas de “salvaguarda” y cláusulas espejo concretas para poder firmarse. Y las grandes potencias, como digo, proseguirán mostrando sus colmillos (Trump hacia Canadá, Groenlandia o Panamá; Putin hacia Ucrania y el este europeo; y China hacia Taiwán y otras zonas del Asia-Pacífico).

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