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Opinión | POLÍTICAS DE BABEL

Profesor universitario

La diplomacia errática de España

Si España no cambia su errática estrategia diplomática, abandona su posicionamiento favorable a regímenes que gobiernan al margen del Estado de derecho, y vuelve al redil democrático de sus tradicionales aliados occidentales, seguirá marginada de cuanto se pueda decidir o pactar a lo largo de 2026 en el tablero global. En Europa Pedro Sánchez ha perdido su credibilidad. Como ejemplo, el modo en que nuestro país ha sido apartado primero de todo cuanto afecta al plan de Paz de Trump para Oriente Medio, y después en las negociaciones para alcanzar una tregua en Ucrania. Y es que, si Europa, como veíamos el sábado, apenas logra meter cabeza en cuanto están dirimiendo Trump, Zelenski y Putin, España se ha quedado fuera. Esto es así debido al acercamiento de Sánchez a China, y a sus vínculos con Venezuela y otros socios comunistas y rupturistas, que hacen que nuestro presidente no sea de fiar a ojos de las instituciones europeas y de la Administración estadounidense.

Incluso en aquellos posicionamientos más férreos de España, como el apoyo al pueblo palestino y el reconocimiento de un Estado propio frente a Israel, Sánchez ha dado muestras de incoherencia. Aseguró que nuestras relaciones comerciales con Israel se habían cortado; especialmente en el ámbito militar. Mintió. La “excepcionalidad” se evidenció en el Consejo de ministros previo a Nochebuena, cuando el Gobierno autorizó comprar material militar israelí y permitió a Airbus acceder a tecnología hebrea para la construcción de sus aeronaves. Así pues, esa postura de Sánchez favorable a Palestina, que aspiraba a ser ejemplar en Europa, pierde su fuerza, hasta rozar el ridículo; algo parecido a lo que sucedió con las fragatas que se vendieron a Arabia Saudí.

Dentro de la OTAN, España ha sido el socio díscolo, negándose a aumentar el gasto en Defensa exigido por EE.UU., lo cual señala a nuestro país como “incumplidor crónico”. También se le exigió al Ejecutivo una posición más dura contra Nicolás Maduro. La Moncloa primero rechazó reconocer a Juan Guaidó en 2019 como “presidente legítimo” (sólo lo vio como “presidente encargado” tras las presiones de la UE); y después, y aun tras el éxito de Edmundo González en las presidenciales de 2024, evitó darle la enhorabuena por el Nobel de la Paz a María Corina Machado. También la UE criticó la condescendencia de Ábalos con Delcy Rodríguez en 2020. Quizá por eso Trump considera a Sánchez una diana comercial, arancelaria (aceites, aceitunas, vino, etc.), y política (por sus tratos con Huawei). La negativa de Exteriores a permitir que barcos de EE.UU. utilicen nuestros puertos para operaciones contra los hutíes de Yemen, tampoco ayudó.

En Europa no se entiende nuestra Ley de Amnistía (2024), que supuso roces con Bélgica, Alemania y Países Bajos por el ‘procés’, la extradición, el concepto de ‘rebelión’, y la euroorden contra Carles Puigdemont. Sánchez generó tensiones con los europeos ya en 2020, durante la negociación del Fondo de Recuperación (‘Next Generation EU’); y hoy nuestro uso atípico y poco transparente de los fondos está bajo lupa. Y es que España incluso ha presionado siempre para flexibilizar las reglas fiscales (déficit y deuda) frente a la reticencia de Alemania y otros socios del norte, especialmente durante nuestra presidencia del Consejo de la UE, en 2023. Finalmente, nuestra política migratoria es criticada, entre otros, por Italia, por priorizar “rescates”, ONGs, y “distribución” europea de migrantes, frente a un mayor control fronterizo. Así pues, Pedro Sánchez debe rectificar, y mostrarse más alineado con EE.UU. y el club de los Veintisiete.

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