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Opinión | Firma invitada

Profesor emérito de la USC

El sufrimiento y las leyes de la naturaleza

Hay fenómenos naturales que causan grandes sufrimientos y muchas muertes como inundaciones, terremotos, sequías o los llamados biológicos que pueden producir enfermedades y luchas entre especies ¿Podrían existir unas leyes de la naturaleza diferentes con menos sufrimiento? La respuesta es probablemente sí, pero entonces, no habría vida. La vida supone la muerte, la libertad supone decisiones erróneas, la sensibilidad supone momentos de dolor, …

Fijémonos en los terremotos. Al ver la cantidad de muertos y heridos que producen a veces nos preguntamos como Dios lo permite. Sin embargo, sin terremotos no podía haber vida inteligente en la Tierra. El viento solar que arrasaría la Tierra es evitado por el campo magnético de ella, que le desvía. Para la existencia del campo magnético, es necesario la existencia de un magma en movimiento en el interior de nuestro planeta. Estos movimientos arrastran lentamente a los continentes, produciendo inevitablemente fenómenos de liberación de la energía acumulada, que cuando se produce de golpe da lugar a los terremotos o a los volcanes. Un planeta sin terremotos sería un planeta sin campo magnético, es decir, no se evitaría el viento solar, lo que imposibilitaría la vida en la superficie.

Otro ejemplo son las mutaciones genéticas, algunas de las cuales producen cáncer y otras enfermedades. Sin embargo, sin las mutaciones, no habría apenas diversidad biológica quedando reducida a unas pocas formas elementales de vida y nosotros no existiríamos.

La segunda ley de la termodinámica implica, entre otras cosas, que el rendimiento con el que se puede aprovechar la energía o procesar información o reciclar materia no puede ser del cien por cien. Establece un límite máximo a dicho rendimiento. Un observador que no conociese dicho principio y la limitación podría achacar a ineficacias de los responsables por el aprovechamiento de la energía o del procesamiento de la información o del reciclado de materia, al no obtener el cien por cien.

Sin embargo si lo conociese, a lo mejor felicitaría a los responsables por haber alcanzado los límites máximos de aprovechamiento que permite el segundo principio.

Muchas veces, nuestras valoraciones negativas cometen errores de apreciación, del tipo de los desconocedores del segundo principio. El Universo perfecto, según las limitaciones intrínsecas de las leyes de la naturaleza, no es tan perfecto como nuestra imaginación podría pensar.

Desde el principio el Universo, en sus diversas etapas, ha sufrido roturas de las simetrías originales. Sin estas roturas, probablemente, el Universo sería más perfecto, pero no existiríamos. El Universo que tenemos es el mejor mundo de los posibles, como ya dijo Leibnitz.

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