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Opinión | On/off

Periodista

Adamuz, Angrois y Arzúa

Se preguntarán a qué viene Arzúa en el titular. Lo explicaré más adelante. Será fácil de entender a pesar de las diferencias. Comenzaré por los dos lugares que comparten la desgracia de ser los grandes puntos negros en que se produjeron los dos accidentes de tren más mortíferos de los últimos años. Tragedias que contrastan con los avances ferroviarios y los modernos sistemas de seguridad, eso de lo que tanto presume el ministro Puente. La mayor catástrofe de la historia sucedió en 1944, en Torre del Bierzo, con una cifra estimada de 500 muertos. La segunda sería en 1972 en la línea Madrid-Sevilla, con 86 víctimas. Eran otros tiempos.

Con la tragedia andaluza los gallegos volvimos a revivir la pesadilla de la noche del 24 de julio de 2013. En especial los compostelanos, por la proximidad y el simbolismo de la fecha. No hubo Fuegos del Apóstol. Sólo inmensa desolación, sentimientos superpuestos de rabia y solidaridad, con una actuación heroica de los vecinos de Angrois. La misma entrega solidaria se repite en Adamuz.

Casi trece años después, los rescoldos del Alvia que descarriló en la curva de A Grandeira no se apagaron. El olvido es imposible, aunque el tiempo ayuda a cicatrizar heridas. Tampoco en el plano legal se dijo la última palabra. La sentencia fue recurrida en instancia superior. Todo lo sucedido en Angrois es un precedente para el caso de Adamuz. El duelo, los sentimientos y la verdad judicial, fría pero objetiva, tardarán años en disiparse.

El de Angrois se debió a un fallo humano, que los sistemas de seguridad de entonces no fueron capaces de corregir. Aún hoy está pendiente de confirmar en sentencia firme si el segundo aspecto, la seguridad, merece el reproche penal dictado en primera instancia. La fiscalía sostenía que no, dejando toda la responsabilidad al maquinista. En cualquier caso, las penas son aparentemente mínimas si se confrontan con la magnitud de la catástrofe.

En Adamuz, cuya investigación acaba de iniciarse, se descarta el fallo humano. La primera hipótesis es el deficiente estado de la vía y la segunda el desprendimiento de alguna pieza del tren. No especulemos. Los técnicos y la Guardia Civil están en ello. La prioridad son las víctimas. Lo que menos interesa es la politización del asunto. Tiempo habrá para exigir responsabilidades. No obstante, hay un aspecto en el plano técnico de la investigación que puede generar desconfianza. Se trata de la CIAF.

La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), encargada de esclarecer los hechos, es un órgano integrado en el Ministerio de Transportes. ¿Hay conflicto de intereses? No dudo de la imparcialidad y conocimiento de sus miembros, pero en el caso de Angrois las autoridades ferroviarias europeas cuestionaron su autonomía, en consonancia con la asociación de víctimas y perjudicados por el siniestro.

En este momento existe prevención en el sistema más seguro de transporte. Además de los dos accidentes seguidos, no ayuda el currículo de sus máximos responsables. Sobre Ábalos sobran comentarios y de Puente decir que su función principal en el Gobierno es de azote de la oposición en lugar de atender a su departamento. Esperpénticos fueron los cambios de velocidad entre Madrid y Barcelona. El ministro anunció hace unos días los 350 km/h. Este martes una reducción a 160. A las pocas horas que se volvía a los 300 y casi inmediatamente después de nuevo a 160. ¿Quién puede fiarse?

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