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Opinión | Políticas de Babel

Profesor universitario

Un intenso Foro de Davos

La 56ª reunión del Foro Económico Mundial celebrado en Davosbajo el lema “Un espíritu de diálogo”, llegaba este año con el objetivo de fortalecer la cooperación internacional, desbloquear fuentes de crecimiento, centrarse en las personas, optimizar la prosperidad derivada de la innovación y la Inteligencia Artificial, y apostar por la iniciativa “Blue Davos” sobre el agua y la resiliencia climática. Pero este plan de trabajo se vio eclipsado por tres apremiantes debates: 1) La reconstrucción de la confianza y las alianzas con América Latina y otras regiones (sin duda debido a su nueva realidad política y económica). 2) Las amenazas geopolíticas y de seguridad global (motivado por las tensiones entre Europa y EE.UU., y por el súbito protagonismo del Ártico y Groenlandia). Y, 3) La respuesta de la Comunidad Internacional a las iniciativas de Trump derivadas, por un lado, de su Comisión de Paz para Gaza, y, por otro, del plan de alto el fuego en Ucrania tras su encuentro con Zelenski.

Trump aterrizó sobre la alfombra roja de Davos, sin duda, celebrando el frenazo del Acuerdo entre la UE y Mercosur. Sin embargo, su semblante cambió cuando comprobó lo cerca que está el pacto comercial que la Comisión Europea impulsa ya con la India; al que hay que sumar los ya sellados con Emiratos Árabes Unidos, Malasia, Filipinas, o Australia. Sobre Groenlandia, Trump dijo que “sólo EE.UU. puede proteger este gigantesco pedazo de hielo, y hacer que funcione bien a favor de Europa y América”; de ahí sus “negociaciones inmediatas”, sin que ello suponga una “amenaza a la OTAN”, sino “la seguridad de toda la Alianza”. Finalmente, Trump logró un preacuerdo favorable en términos militares y económicos. Dijo también el neoyorquino que “ama a Europa”, y que “le gustaría que le fuera bien”; pero que ésta “no está yendo por el buen camino” (aludiendo a la inmigración masiva y a las energías verdes). Y quizá tenga razón, pues la UE se desvincula de Rusia a medida que depende cada vez más de EE.UU., de donde obtiene armas, protección a través de la OTAN, y el 60% del gas natural licuado (GNL) que necesita.

Paradójicamente, en el Centro de Congresos de Davos se aplaudió la defensa del orden económico y comercial internacional realizada por el viceprimer ministro chino He Lifeng. Y también las reuniones entre el enviado del Kremlin, el director del Fondo Ruso de Inversión Kirill Dmitriev, y la delegación estadounidense, incluso para avanzar en el alto el fuego en Ucrania. Imagino lo contentos que deben de estar Putin y Xi Jinping viendo cómo crece su influencia, a medida que se va cumpliendo su gran sueño estratégico: el alejamiento entre la UE y EE.UU. A este sueño parece querer contribuir el primer ministro de Canadá, Mark Carney, quien incitó a los europeos a evitar la “sumisión”, y a “defender la soberanía” de una Groenlandia sobre la que, por cierto, Canadá también tiene planes comerciales y de seguridad. Tampoco ayuda a la UE el pato cojo (y algo cegato) Macron, quien reivindicó los productos “made in Europe”, apeló al “mecanismo anticoerción”, y atacó a Trump por sus “ambiciones imperialistas”. Más cauta fue la alemana Ursula Von der Leyen, quien, aun señalando como “innegociable” la soberanía danesa sobre Groenlandia, y aludiendo a una posible “respuesta firme, unida y proporcional” frente a cualquier tipo de aranceles extra (que Trump renunció a aplicar), apostó por una “colaboración con EE.UU. para fortalecer la seguridad ártica”; algo que se logró gracias al sumiso secretario general de la OTAN, Mark Rutte, quien demostró la utilidad de su “diplomacia reflexiva”.

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