Opinión | Global-mente
No kids, del niño rey al niño paria
No kids, es la fórmula al uso para señalar un espacio sin niños. Desde enero está en el ojo del ciclón desatado por la SNCF -los ferrocarriles franceses- que anunció su nueva clase, Optimum Plus, como un espacio «tranquilo accesible a partir de los 12 años».
La discriminación por edad cayó como una provocación en la sociedad francesa, «choquée» por la caída de la natalidad y el saldo natural negativo iniciado en 2024 por primera vez en más de un siglo, según el Ined (Instituto nacional de estudios demográficos). En una sociedad orgullosa de sus políticas natalistas, que fomentan que las madres se queden en casa más que la inversión en guarderías, resulta que los niños molestan. Y son los jóvenes adultos los que menos los toleran y quienes más aplauden los espacios sin niños.
¿Pero qué ocurre? interrogan los diputados en una encuesta sobre las causas de la caída de la natalidad. Treinta mil franceses/as respondieron lo ya sabido: que tener hijos es perder dinero, tiempo e incluso la carrera profesional. En pánico, el Gobierno lanzó un salvavidas a lo que considera un naufragio nacional: a partir de julio habrá un nuevo permiso de paternidad de 2 meses para cada progenitor.
Pero claro, antes tienen que parir las mujeres y eso se lo recordó con sorna la exsecretaria de Estado para la Igualdad, Marlène Schiappa, en Instagram. Madre de tres hijos, pide que se escuche a las mujeres antes de hablar de natalidad: saber lo que es parir, una episiotomía, una diástasis, la hora del baño y de los deberes etc. Denuncia que obtener sitio en una guardería es más improbable que ganar el euromillón. Y mientras, la SNCF reserva vagones para «tíos que se creen Jeff Bezos» y veta a los niños, dice furiosa.
Nada nuevo bajo el sol. En 1997 quise reservar en un hotel en Gales y no pude porque tendría que «cenar» a las 5 de la tarde con mi bebé, los niños no tenían acceso al comedor a la hora de la cena. Años después en Francia se me negó la entrada a un restaurante en Lyon por ir con mi hija de 4 años. Sobra decir que no obtuve plaza en una guardería siendo madre trabajadora, en teoría prioritaria. Apáñate como puedas, hija.
Y ahora que la excepción demográfica francesa peligra por la caída de la fecundidad a 1,62 hijos por mujer (en 2022 era 1,79) y que el reemplazo generacional (2,1 por mujer) se esfuma, resulta que la sociedad ya no aguanta a los niños. La polémica hace furor en Francia, desgarrada entre la tendencia a los espacios No Kids en la hostelería que gana adeptos, y la angustia del declive demográfico a partir de 2040. Según el Ined ese año Francia llegará al techo de 70 millones de habitantes, y luego decrecerá y con ello la población activa, sustento del estado de bienestar.
Una perspectiva ciertamente funesta, pero difícil de revertir. De momento el debate se centra en quién tiene la culpa del desafecto por la infancia. En una entrevista al diario Le Figaro, la psicóloga infantil Caroline Goldman afirma que no es la sociedad la que no soporta a los niños, sino que los niños se han vuelto insoportables por una educación que no pone límites ni permite la frustración.
He viajado mucho en avión siendo mi hija pequeña y nunca molestó, sólo una vez cuando el avión corría por la pista anunció en alto: «décollage immédiat». Todos reímos.
Lástima, nos dirigimos a una sociedad en la que no se puede ser viejo, pero tampoco niño.
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