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Opinión | Con sentido común

Notario jubilado

Deslizamiento a la derecha

Desde el año 2022, la derecha ha avanzado en todo el mundo.

En Europa, 220 millones de habitantes están gobernados por la derecha, sola o en coalición, y en los países gobernados por la izquierda han logrado un importante progreso. Las últimas elecciones europeas confirmaron el deslizamiento.

En América, más de 500 millones de ciudadanos están gobernados por partidos de derechas; en Asia son más de 2.400 millones; en África casi 100 millones. La población mundial con gobiernos democráticos de derechas es del 38%. Si tenemos en cuenta que más del 50 % de la población mundial está dirigida por regímenes autocráticos, menos del 12 % vive en países democráticos progresistas.

¿Qué ha sucedido? Parece que la mayoría ha considerado que la progresía no ha gobernado de forma eficaz y realista y, en uso del derecho que les asiste, buscan soluciones democráticas por otras vías. Pese a ello, se sigue usando la táctica del miedo, en un último intento para apuntalar el muro ideológico y antidemocrático que en su día levantaron contra sus oponentes. Cientos de millones de seres humanos han llegado a la conclusión de que el progresismo no ha dado respuestas eficaces y realistas, ni a los problemas que acucian cada día a los ciudadanos ni a los grandes retos que tiene ante sí el mundo.

Recordemos algunos de esos retos.

-Crisis económica persistente, con inflación y desempleo, deterioro del bienestar, aumento de la pobreza y problemas de acceso a la vivienda.

- El oligopoder mundial de EE.UU., China y Rusia, basado en la supremacía y el reparto de las riquezas estratégica mediante el dejar hacer.

-Seguridad, orden público y migraciones masivas sin control.

-Cambios socioculturales y de valores que han sido principios básicos de convivencia.

-Las consecuencias de la forma de gestionar la ecología y el cambio climático.

-La Agenda 2030, irrealizable e hipócrita, que busca la utopía.

-Política energética falta de realismo.

Naturalmente, los ciudadanos descontentos que optaron legítimamente por el cambio, observarán con atención la gestión de las promesas de cambio de sus gobiernos y decidirán de nuevo en el futuro.

La política del miedo no ha sido efectiva, pero la siguen practicando.

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