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Opinión | Políticas de Babel

Profesor universitario

El fin del régimen cubano

Donald Trump y Marco Rubio desean acabar con el régimen castrista “por agotamiento”. Tras la captura de Nicolás Maduro, el flujo de petróleo y de dinero hacia la Isla se ha visto reducido de manera drástica. El jueves, 29 de enero, Washington quiso ir más lejos, y declaró la “emergencia nacional” hacia Cuba, lo que viene a aislar todavía más a un país caribeño que ya había perdido parte de la fortaleza económica que le llegaba de China, y del apoyo armamentístico y militar que le ofrecía Rusia. Tampoco puede contar ya con el petróleo procedente, además de Venezuela y de Irán, de Argelia (desde hace doce meses), y de Rusia (desde octubre) debido al control de los petroleros que ahora realiza el Pentágono en el Caribe.

Incluso México, tras la amenaza de imposición de aranceles a quienes ayuden a La Habana, se ve ahora entre la espada y la pared. Por un lado, la presidenta Claudia Sheinbaum habla de un aporte a Cuba de carácter humanitario; pero, por otro, sabe que es mucho lo que se juega enfadando a un Trump que ya amenazó al país azteca con el envío de tropas para atacar a los cárteles de la droga, y con el que tendrá que revisar este 2026 el Tratado comercial entre México, EE.UU. y Canadá (T-MEC), vigente desde el 1 de julio de 2020.

Venezuela le aportaba a Cuba unos 35.000 barriles diarios de crudo; y México algo más de 17.000 (son 100.000 los que necesitaría la Isla cada día). Sin esta ayuda, La Habana apenas podrá aguantar dos o tres semanas más. El propio Gobierno cubano reconoce que el cierre arancelario decretado por Trump en torno a la Isla supondrá la paralización de la generación eléctrica, del trasporte, de la producción industrial y agrícola, del abastecimiento de agua, y hasta del sistema de salud. Pero Marco Rubio está decidido a darle el golpe definitivo al régimen cubano con su asfixia económica, y quizá incluso alentando revueltas populares semejantes a las del 11 de julio de 2021.

La otra opción sería la fuga de la cúpula castrista, con el presidente Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro a la cabeza. Esta posibilidad no la descartamos, puesto que ambos están sancionados y bajo investigación del Departamento de Estado, del de Justicia, y de la propia Fiscalía estadounidenses, por complicidad con Maduro (apoyo a la violencia chavista, presunta colaboración con grupos terroristas y de Inteligencia extranjeros contrarios a EE.UU., acciones extrajudiciales, derribo de avionetas de exiliados cubanos, etc.). De momento, lo que parece estar negociándose entre Washington y La Habana es un plan de transición que incluiría la entrada de empresas estadounidenses en ámbitos como el de la banca, la energía, o el turismo. También parece dispuesto el régimen a colaborar frente a amenazas transnacionales compartidas: terrorismo, trata de seres humanos, blanqueo de capitales, etc.; e incluso a comprarle a EE.UU. ese petróleo que tanto necesita.

Ciertos informes apuntan a la Embajada de Estados Unidos en Ciudad de México como el enclave de un diálogo que se habría establecido ya entre el general cubano Alejandro Castro Espín (hijo de Raúl y sobrino de Fidel), altos cargos de la diplomacia estadounidense, y mediadores del Gabinete de Sheinbaum cercanos a los Castro. Así pues, el Gobierno cubano, con disimulo, parece que se abre a negociar a fin de que no se repita una situación como la de Caracas. Es decir; la caída del régimen dictatorial ya es inevitable. Al menos así lo perciben, desean y explican mis colegas y amigos cubanos; los mismos que llevan décadas anhelando la libertad, la prosperidad y la democracia que nuestro país hermano merece.

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