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Opinión | Reflexión pública

Escritor

Biografía del cerebro

Hace unos días vi en un periódico un anuncio que decía: «Dona tu cerebro». Parece que se dan pocas donaciones de cerebros. Me quedé sorprendido por el contenido y el mensaje del anuncio. La ciencia pide más cerebros para nuevos descubrimientos que curen enfermedades como el Alhzeimer y el Ela, y más. Para estos fines magníficos sirven, parece, todo tipo de cerebros. Pero estos cerebros estuvieron metidos en cuerpos y estos cuerpos tuvieron vida, y vidas muy diferentes unas de otras, y desde el plano biográfico –la vida biográfica tiene tres características: conseguimiento, acontecimiento y atrevimiento– como desde el plano productivo, hasta el plano solamente fisiológico: un anodino y simple funcionar de órganos . Tanto desde el talento como del talante, tanto desde la aptitud como de la actitud. Vidas valiosas, heroicas muchas veces y vidas corrientísimas, sin avances que contar, sin aportaciones. Más que vidas son puras existencias, como puede ser un vegetal. Hace años publiqué un artículo donde decía que lo peor de los cementerios no es la putrefacción, natural, sino que lo peor es que muchas tumbas guardan cuerpos de personas que no vivieron ni auténticamente ni verdaderamente . Tiempo perdido y muchas veces, también, tiempo culpable, porque pudieron haberse esforzado desde el ejercicio de su voluntad.

¿Dónde reside el sin valor, el sin interés? Pues directamente en la pereza, en la apatía, en la falta de ilusión por las cosas, en la indiferencia, en la carencia de inquietudes, de entusiasmo y de ilusiones, como también en una actitud tibia: ni un lado ni otro, ni una cosa ni otra, en la indecisión paralizante, en un no avanzar obrando en progresos, que es el caminar coherente, natural, en un no querer trabajar, mejorar. El ser un muermo. También causas culpables son la obediencia automática, el ir sólo a lo fácil, el ir rectos sólo a lo cómodo, el servirse sólo de los adelantos de la tecnología (internet, ordenador, móvil, tableta, redes sociales…), muy frecuente en esta generación joven, y no querer salir nunca de esta realidad ficticia, programada, virtual, a la realidad real, la realidad de las cosas tal como son, tangibles y verdaderas. Andar a la deriva sin tomar el timón en flácida conducta del azar. También ingresa en este tipo de personas un desinterés por todo lo que tenga que ver con la cultura, aunque lo disimulan, si, por ejemplo están en un concierto de música clásica... por circunstancias. Frente a este tipo de seres anotados al mínimo esfuerzo aparecen los verdaderamente esforzados. Y también los que resisten con eficacia contra las duras envestidas de la vida, y siguen creyendo o siguen creando.

Me pregunto si no usar las neuronas debidamente disminuye el interés histológico de los cerebros donados de aquelllas personas que tuvieron una vida plana, rectilínea y normal en todos los sentidos. Se supone que una vida esforzada y con mérito labra más y mejor el sistema nervioso central y su órgano sirve mejor a la Ciencia. Los descubrimientos histológicos de Ramón y Cajal –neuronas, dentritas, cilindro eje, citología, etc.– siguen teniendo valiosa y necesaria actualidad. Los cerebros que dudo sirvan son los de las malas personas, las personas tóxicas, y seguro tendrán aspecto desagradable: desechables para la rigurosa investigación.

Siempre una vida bien aprovechada, en todos sus aspectos, es lo que nos consuela y nos ayuda ante la realidad de la muerte.

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