Opinión | Buenos días y buena suerte
Desescalar, ese palabro
Esta es una de esas palabras innecesarias, pero con éxito: ‘desescalar’. Como verbo no está bien visto por la RAE, o no lo está de momento, pero sí como sustantivo: ‘desescalada’, cuya incorporación, si no me equivoco, ha sido reciente. Todo ello, claro, desde el inglés, como calco: ‘de-escalate’, ya saben. Su uso empezó a hacerse habitual a partir de la pandemia de 2020.
Es innecesaria la palabra, porque tenemos otras, aunque no su contenido semántico. Reducir, aminorar. Pero ¿alguien tiene verdadero interés en esto? No muchos dirigentes políticos, por lo que vemos. La política doméstica y también la global viven un momento de gran hinchazón, al menos lingüística. Y la lengua es síntoma de esos males que nos aquejan, de cierta necrosis del discurso. Lo siento, pero es lo que parece. Hinchazón no es ebullición. La ebullición, ese punto de hervor, o de fervor, tiene que ver a veces con las grandes ideas y con las grandes personas. La hinchazón nos revela un daño.
Pero provocar odio, o miedo, se ha convertido en un arma habitual en política. Para ‘desescalar’ hay que escalar primero, y no precisamente una montaña para hallar en la cumbre la libertad y la paz. ‘Climb’ implica en inglés una subida más gradual, y, sobre todo más física. Es verdad que hay un terreno en el que ‘escalate’ y ‘climb’ se acercan algo, sólo algo, pero el primer vocablo es prioritariamente metafórico, en el sentido, hoy, de ‘crecer’, ‘aumentar’, ‘empeorar’. Por más que etimológicamente signifique trepar con escalas, o peldaños. También está esa magnitud matemática que es la escala (por eso, número escalar), que implica no sólo aumentar, sino también disminuir, con respecto a un original.
‘Escalate’ tiende a implicar una situación negativa, aunque también puede significar ‘priorizar’. Como calco utilizado en español, ‘desescalar’ no funciona adecuadamente en contextos de escalada alpina, pongamos por caso: “hay que desescalar el Mont Blanc, si se avecina una tormenta”. ‘Escalar’ es un verbo normal en español, claro, pero aún no lo es ‘desescalar’. Como en inglés parece que impera en él mucho más el sentido metafórico, la similitud entre la palabra anglosajona y el calco se da fundamentalmente en la forma con prefijo privativo ‘desescalar’, aunque ya se usen también expresiones como “el conflicto no ha dejado de escalar en los últimos años”. Incluso, en versión transitiva: “No tenemos que escalar el conflicto”.
Es el uso el que hará que estas expresiones se normalicen. E, incluso, que todas ellas pasen a formar parte del diccionario, como ya lo ha hecho el sustantivo ‘desescalada’, no sin reticencias. Es la influencia mediática la que contribuye a expandir vocablos como ‘desescalar’, fácilmente sustituibles en castellano (rebajar la tensión), pero no con tanto glamur, o sea, con ese raro y absurdo prestigio que da a veces el perfume del neologismo.
Lo que me preocupa es que ‘desescalar’ esté ‘escalando’ tanto en nuestro discurso cotidiano. En inglés, han sido reconocidas por el Oxford Dictionary (lo más parecido a nuestra RAE) expresiones como ‘brain rot’ y ‘rage bait’, de compleja traducción: quizás ‘podredumbre intelectual’ y ‘cebo o anzuelo para airados’. Hay una hinchazón provocadora en el lenguaje de los líderes y Trump es, claro, un buen ejemplo. Pero aquí, en la política nacional, lo vemos cada día. Quizás es el resultado de ese matonismo que ciertos personajes promueven. El lenguaje que usan suele ir en línea con lo que piensan, desde luego. Se habla de ‘desescalar’, pero sucede que hay algunos escalando todo el tiempo.
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