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Opinión | Firma invitada

Profesor emérito de la USC

África con África

África es la gran ausente en las preocupaciones del mundo occidental. Las noticias sobre ella en los medios de comunicación, ya sean periódicos, radios o televisión, brillan por su ausencia. Solamente las acciones violentas de los fundamentalistas islámicos tienen algún eco o algún accidente, como el que hubo recientemente en una mina de koltan en la República Democrática del Congo que según algunas fuentes causó alrededor de 400 muertes. Incluso las elecciones políticas en los diversos países tienen un reflejo muy limitado, desde luego mucho menor que si fuesen en cualquier país europeo o americano. Algo de atención se presta cuando llegan a Europa o se hunden en sus pateras africanos.

Sin embargo, África se mueve, vive e incluso progresa, con muchas dificultades, pero progresa. Los índices de esperanza de vida, mortandad infantil y educación así lo indican. Los africanos cada vez tienen más claro que el futuro de África depende de ellos mismos y no de la ayuda, venga de donde venga. Poca gente sabe que según las predicciones del Fondo Monetario Internacional África en el 2026 será el continente que más crezca, el 4.4% frente a Asia, 4.1%. Europa, América y el resto mucho manos. De los 10 países que crecieron más en 2025, seis son africanos. Cuarenta países africanos crecieron más que la media mundial.

La ayuda es bienvenida, pero solo si sirve para incentivar que sean los propios africanos los que hagan mejorar sus condiciones de vida y en particular la enseñanza y la sanidad.

África tiene un lastre y es que la deuda de sus países es tal que gastan todos los años, el 50 % de su PIB en pagarla. Otro lastre actual, es la retirada de muchos programas de ayuda de Estados Unidos. Los relacionados con sanidad están provocando estragos en la población de varios países.

Hace unas semanas, la revista Mundo Negro editada por los religiosos combonianos (revista que en unas páginas da mensualmente una buena visión de la realidad africana ), daba el premio de la fraternidad al Dr Cédric Ouanekpone de Centro-África. Hace cinco años el Banco Africano al Desarrollo hizo el Centro de Hemodiálisis de Bangui, pero estuvo parado por falta de personal preparado. El galardonado, formado en África y en Francia, no se quedó en Europa donde le ofrecieron puestos interesantes profesionalmente, sino que volvió a su país, donde era el único nefrólogo, dirigiendo actualmente el Centro. Anteriormente, en la guerra civil de su país, estuvo en primera fila atendiendo a los heridos. Los combonianos, empezando por el obispo de Bangui, el español Jesús Ruiz, hacen una encomiable labor, abriendo escuelas en zonas marginadas, que pasan a gestionarlas los mismos africanos.

Otro español, el jesuita Carlos García, me contaba la evolución del hospital Buen Samaritano en Chad, país tan pobre como el anterior, si no más. Pasó de un Centro de primeros auxilios a hacer una formación médica para africanos, (facultad de Medicina) donde ahora muchos de los formadores son los mismos africanos. La evolución y las condiciones en que se tuvo que hacer, así como los resultados, fueron una aventura milagrosa que conmueve.

Estos ejemplos apuntan en la misma dirección, los africanos poco a poco tienen más conciencia que son ellos con su trabajo y su talento quienes pueden hacer progresar a sus países y lo están haciendo.

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