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Opinión | BUENOS DÍAS Y BUENA SUERTE

Profesor titular de Universidad

Por sus cabreos los conoceréis

Bad Bunny, El conejito malo, o así, la ha liado guapamente en la Super Bowl, que es como un escaparate mundial, como el show de todos los shows, como el intermedio mejor aprovechado del mundo, el Gran Wyoming me perdone. Allí le dicen a esto “espectáculo del medio tiempo”, como también se habla de las “elecciones de medio mandato”. Esas que Trump teme a todas horas.

El conejito malo lleva bastante en la pomada, pero yo no soy muy seguidor de esa música, más bien nada seguidor, nada de nada, en fin, no entremos en detalles, no entremos en sus contenidos y expresiones, aunque esta vez Bad Bunny la ha liado guapamente, con su movida. Y sobre todo con esa letra difícil de comprender para el profano, o sea, yo mismo, esa dicción borrosa del estilo que el conejito Benito Antonio maneja, y, bueno, la terminología borincana pasada por traps y reguetones. Todo en alguna forma de español, algo que encoleriza al magnate de la Casa Blanca: Bad Bunny hizo que a Trump le estallara la diversidad y la multiculturalidad de USA en la cara.

Habrá aspectos muy criticables en El conejito malo, mayormente esos versos que a veces pueden parecer perversos, ese lenguaje en tantas ocasiones terrible hacia las mujeres, ya saben, pero reconozco que lo clavó en la Super Bowl. De pronto, Bad Bunny se ha convertido en un personaje paradójico, un ídolo latino que ha derivado no sé si en feminista, quizás eso no ocurre de un día para otro, pero sí en alguien muy crítico con MAGA y sus palmeros habituales. Los que saben de música latina dicen que ha saltado las costuras del género, incluida su indumentaria y sus uñas: dicen que está en otra onda.

Se implicó a conciencia Bad Bunny en enviar un mensaje a Trump, que ha desplegado una policía federal por varias ciudades del país con resultados absolutamente trágicos. Lo que está pasando con el ICE es un asunto de extrema gravedad: ya se habla de Estados Unidos como de una post democracia en manos de la ultraderecha. El país, que Ayuso sigue considerando “faro del mundo libre”, o eso dijo la otra tarde al proponer a los USA para su medalla, se halla envuelto en una atmósfera de confusión, en un aire enfermizo de distopía, provocado por tantas políticas desnortadas. Es este un momento decisivo para el mundo. Y más para América, para la América que reivindicó con valentía Bad Bunny. El arte, la música, el cine son grandes ventanas hacia la libertad. Y debemos abrirlas de par en par.

Ridiculizar las ideas sobre la inmigración y la diversidad, no sólo de Trump, sino también de quienes le siguen a este lado del mundo, es imprescindible para mantener el progreso de los países y la base de las democracias. El patriotismo reside en la diversidad. Y así lo mostró Bad Bunny: haciendo saltar por los aires, en apenas unos minutos, la aberrante política trumpiana.

Hay algo muy sintomático: el cabreo de Trump. Todos los matones se cabrean cuando les llevan la contraria con éxito. No admiten el triunfo del contrario y el oprobio propio. Como buen aficionado a ver la televisión (y a hacerla) a lo largo de su vida (en fin, es muy de su mundo), Trump criticó el espectáculo de la Super Bowl. Dijo que había sido “terrible”. De lo peor en años. Síntoma evidente de que El conejito malo dio en el clavo. Si Trump se cabrea, es que has acertado. Le pasa a Sánchez con Elon Musk. Puede que Sánchez tenga cosas que explicar, como el problema del ferrocarril, pero si Elon Musk te critica, o te llama traidor a la patria, entonces es que has acertado en algo de pleno. Está muy claro: por sus cabreos los conoceréis.

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