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Opinión | Con sentido común

Notario jubilado

La transformación de la familia

Hace unas semanas una activista feminista defendió con entusiasmo en la SER que «hay que abolir la familia tradicional de una vez. No está funcionando. Nadie necesita esta cosa de padre, madre, …, necesitamos romper esto», postura mantenida por Sophie Lewis en su libro Abolir la familia, con estas palabras.

La idea no es novedad, resurge con la redefinición del concepto de familia como consecuencia de los cambios sociales y legales en numerosos países. Los progenitores son meras partes en un acto biológico, y, cumplida su misión, los nuevos seres pasarán a la «comuna de cuidados».

La Ley española de familias regula, entre otros, los siguientes tipos: biparental, monoparental o «monomarental», LGTBI., reconstituida, múltiple. De la familia basada en el Derecho Natural y reconocida por el Estado, a la familia realidad social, cambiante según las corrientes sociales, y definida por la Ley. Esta evolución ha corrido paralela a la consideración del papel del hombre y la mujer en la sociedad y en el seno de la familia. Era común hablar de personas, sus principios de vida y función en el seno de la familia -educar, proteger, dar afecto,…. La unión estable de dos personas se consideraba realidad humana básica, según el Derecho Natural-.

El término ciudadanos destaca su condición de sujetos de derechos y obligaciones. Hoy se usa el vocablo amorfo de ciudadanía para referirse al conjunto de personas sometidas a las regulaciones de los Estados, que crean conceptos opuestos a la naturaleza y a la biología -igualdad, sexo, identidad, paternidad/maternidad, filiación, matrimonio, capacidad, …, entre otros-. Una expresión, la de ciudadanía, que podría sustituirse por la de individuos, para resaltar aún más lo impersonal del término.

«Abolir la familia» no es una genialidad de grupos marginales, repasemos la historia más reciente de la evolución legal de la familia y concluiremos que una gran parte del hoy, nos parecía imposible ayer: la ministra Celáa dijo el año 2020: «Los niños no pertenecen a los padres».

Algunas de las regulaciones actuales son contrarias a la genética y al Derecho Natural e invaden el ámbito personal, tergiversando los conceptos de igualdad y libertad.

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