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Opinión | BUENOS DÍAS Y BUENA SUERTE

Profesor titular de Universidad

Trumpismo y/o barbarie

De Trump hemos dicho tantas cosas que ya casi da igual lo que digamos. Sólo le interesa su propia moral (sic), no las críticas (aunque le encorajinen, y por eso busca que los medios se plieguen, por las buenas o por las no tan buenas…). En el derecho internacional, más de lo mismo: leyes globales pasadas por la entrepierna, ya que, bueno, la norma no rige ante el Imperio.

Susan Sarandon llegó a España para decir que, en lo de Gaza, y en otras cosas, Sánchez está en el lado bueno de la historia. No hace falta ser un lince para verlo (y sí estar bastante deshumanizado para no verlo), pero siempre hay quien cree que estos del cine hablan demasiado. Que se dediquen a sus películas y dejen de joder, vienen a pensar algunos, tan ahítos de patriotismo, porque el cine no es política, ni nada semejante: falso, claro. Los artistas deben decir, opinar, criticar: por supuesto. El pensamiento crítico es el que construye las democracias y el único capaz de acabar con barbaries políticas.

No es que las opiniones de fuera sean mejores, pero aquí solemos hacer más caso a lo de fuera que a lo de dentro. Hemos tenido un cine crítico con las aberraciones de la política y con la guerra (no ser crítico con la guerra es como abdicar de la condición humana). Espero que en los Goya se haya mantenido esta línea. Pero pronto surgieron los que atribuyen al cine un izquierdismo feroz, esa gente de la elite, niños bien haciendo pelis, dicen, y todo el desprecio que pueda caber ante la inteligencia. La inteligencia es siempre la primera víctima de la barbarie. La ignorancia ayuda al abuso de poder y al autoritarismo, ahora en plena floración en la Casa Blanca. Y no sólo allí. Sin la ignorancia, el neofascismo carecería de alimento. De ahí, el éxito de la incultura y el odio en las redes, donde crece la negra sombra que anima las batallas contra la democracia.

El lado bueno de la historia es ese: el de la democracia. Y el de la defensa de los desfavorecidos. No es que lo diga Susan Sarandon: es lo que la razón y el sentido común nos muestran. Pero alguien ha visto en la brutalidad política una liberación, alguien ha comprado toda esa mercancía averiada. Quizás por despecho. La juventud ve negro el futuro y culpa a los que les prometieron que había uno para ellos: sí, la izquierda sufre ese descrédito.

El hombre que decía parar las guerras en dos tardes ha organizado ya unas cuantas. En nombre de la libertad, claro está. Como se suele decir, donde Trump no llega, manda recado. Y ahora son bombas. Se le ha calentado la mano, como se le suele calentar la boca. Claro que Irán necesita democratizarse, pero… ¿va a hacerlo por la vía de los bombardeos masivos?

Mientras se incendia la región, para el interés de algunos (más que la democratización, interesa que estén fuera de la ecuación nuclear), Trump atemoriza a su propio país. No es ya el ICE, que hiela la sangre, es que el presidente funciona casi como un emperador absoluto. Le molestan, dicen, las elecciones de medio mandato: podrían darle un buen revolcón, si vuelve la clarividencia. Ahora, a pesar de sus apoyos entre las tecnológicas (vamos hacia una peligrosa tecnocracia), Trump ha vetado por completo a Anthropic, la firma que desarrolla la IA avanzada Claude, porque la empresa se niega a que el Pentágono incorpore las herramientas de esa IA con fines militares. Trump les ha llamado “izquierdistas desquiciados”. ¡Cómo no! Pero temo que ya estén firmando otros acuerdos de IA para labores bélicas. Mucho ojo: estamos jugándonos, como diría Rosa Montero, el futuro de la humanidad.

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