Opinión | La bolsa y la vida

Periodista
Guerra de Irán y el ataque indirecto contra China

Trump asegura que esta era "la última y mejor oportunidad" para atacar Irán
Los analistas de bolsa hace semanas que daban por seguro un ataque de EEUU e Israel contra Irán. No improvisaba nada en absoluto el presidente de EEUU, Donald Trump, al orquestar los primeros bombardeos el pasado fin de semana. Con las bolsas cerradas, el despliegue militar completo de EEUU en la zona era el indicador claro del próximo inicio de una guerra. Quizá por eso los mercados de renta variable han capeado con relativa normalidad el órdago bélico que se viene encima en las próximas semanas.
La muerte, en las primeras horas del conflicto, del Líder Supremo Ali Jamenei, junto con otros 48 dirigentes políticos y militares iranís, confirmó que el objetivo de Estados Unidos e Israel era realmente asestar un golpe al régimen y no solo la destrucción de las capacidades nucleares y armamentísticas de Teherán.
La reacción de Irán sorprendió, al atacar a numerosos países vecinos, como Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Arabia Saudí e incluso Omán, a pesar de que este último había actuado como intermediario en las negociaciones con Estados Unidos. Tras el ataque a una base militar británica en Chipre desde el Líbano, la situación se complica para Europa, que pugna por mantenerse al margen.
Pero el ataque contra Irán parece también un ataque indirecto contra China. El equilibrio geopolítico global está en juego a través de Irán, socio de China y su suministrador estratégico de petróleo, igual que lo fue Venezuela. Se diría que EEUU quiere estrechar el lazo a China en materia energética a nivel mundial. Pero el gigante asiático no es tan crudodependiente como hace algunos años y desarrolla su nueva economía basada en renovables a ritmo elevado. En cualquier caso, China es un importante comprador de petróleo del Golfo Pérsico, lo que significa que su economía se vería perjudicada por una grave interrupción del tráfico. Alrededor del 84% del petróleo crudo y condensado, y el 83% del gas natural licuado que pasó por el estrecho de Ormuz en 2024 tuvo como destino los mercados asiáticos, según la Administración de Información Energética de EEUU. China, India, Japón y Corea del Sur fueron también destinos clave, añade. Una subida del precio del petróleo Brent a 100 dólares por barril, por ejemplo, podría añadir entre un 0,6% y un 0,7% a la inflación mundial, según analistas de Capital Economics. Europa también estaría entre las economías más afectadas por un aumento no solo de los precios del petróleo, sino también de los costes del gas natural, de fertilizantes o de otros procedentes de Asia que se van a encarecer.
Entre los corrillos virtuales de analistas bursátiles se esperan tres posibles escenarios tras el inicio de la guerra. El primero y que parece el preferido por Washington es que se produzca un cambio de régimen o de gobernantes en Irán, incluso hacia una democracia, de manera rápida. Dar por acabada la revolución islámica de 1979 sería un logro para una operación militar nacida de la ilegalidad y con escasas pruebas que la legitimen. Los Acuerdos de Abraham se consolidarían y se abriría una etapa de convivencia entre judíos y árabes no conocida hasta ahora.
El segundo escenario sería el del caos. Irán se convertiría en país fallido y de revueltas sin par, una Libia tras Gadafi, un país marcado por el vacío institucional y la guerra civil. El referente de los rebeldes hutíes es preocupante. La economía internacional se vería afectada más seriamente.
El tercer escenario es el de una guerra de desgaste que se prolongaría durante varios meses o años. Es probable que el régimen iraní demuestre ser más resistente de lo que Estados Unidos e Israel anticipaban y que disponga de un arsenal o capacidades militares no utilizadas hasta ahora. La estrategia militar mostrada en estos primeros días de guerra apunta a que Irán apuesta por una guerra más larga. Irán parece buscar utilizar primero sus drones o misiles menos valiosos, mientras agota los interceptores de sus adversarios y perturba la vida en toda la región. Los ataques a distintos países del Golfo se enmarcan en esta estrategia del miedo. Los misiles supersónicos están ocultos, en forma de amenaza caída del espacio y dispuestos para caer sobre Israel o incluso sobre un portaaviones estadounidense.
Análisis y estrategias
¿Y que pasará en los mercados ante estos escenarios? Nadie es capaz de prever ni escenarios ni situaciones derivadas. Pero es previsible un alza de los precios del petróleo superiores a lo visto hasta ahora. Y consolidación de los precios de los valores refugio como el oro. Más allá de eso, que las bolsas bajen ante una guerra regional parece lógico. Y la caída de este lunes ha sido coherente y relativamente moderada. Si la inflación sube, las perspectivas de bajada de tipos en EEUU se alejan. El consejo ante el actual contexto de Javier Molina, analista senior de mercados para eToro, resulta acertado: "Para el inversor, la clave en este momento no es anticipar un giro brusco, sino mantener disciplina en la asignación, diversificación real y atención a las señales que vengan del crédito, del dólar y del petróleo. En fases avanzadas del ciclo, la gestión del riesgo suele ser más determinante que la búsqueda adicional de rentabilidad". Para este analista, una referencia determinante es el índice S&P 500: "Una pérdida clara de 6.700 puntos cambiaría el tono técnico de corto plazo y podría activar una corrección más amplia".
Y Laura Torres, directora de inversiones, IMB Capital Quants, resume bien lo que pasó en Wall Street este lunes: "Lo que realmente me deja el análisis de la sesión, más que los porcentajes finales, es la sensación clara de desconexión entre lo que está ocurriendo en el plano geopolítico y la forma en que el mercado lo está reflejando en precio. El discurso, la magnitud del conflicto y la duración deberían, en teoría, generar una presión mucho más evidente sobre la renta variable. Sin embargo, más allá del susto inicial, el mercado optó por recomponerse con relativa rapidez. Esa diferencia entre la gravedad del contexto y la calma relativa en los índices es, para mí, el elemento más característico de la jornada". La razón de tanta inexplicable tranquilidad sean los sistemas de compras automáticas. Hoy por hoy, es difícil saberlo.
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