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Opinión | Tribuna

Periodista

Acisclo Manzano y el diálogo con el Maestro Mateo

El arte es un puente tendido entre siglos, y pocos artistas han sabido cruzarlo con tanta elegancia como el escultor orensano Acisclo Manzano. Su exposición, “Bosquexo para Mateo”, inaugurada por el Presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, en el Museo de las Peregrinaciones de Santiago de Compostela, no es solo una muestra de objetos bellos; es un homenaje vibrante al Mestre Mateo y una reinterpretación contemporánea del Pórtico de la Gloria. En este espacio, Manzano se pone a las órdenes del genio medieval para trasladar su visión personal del obradoiro antiguo, utilizando el barro como lenguaje principal para hablarle al siglo XXI.

La génesis de esta obra se encuentra en la propia tierra. Como reza el texto bíblico, el ser humano fue formado del polvo, y el significado de Adán es, precisamente, “nacido de la tierra”. Acisclo recoge esta esencia para dar vida a una multitud de apóstoles, músicos y ángeles que parecen aguardar el aliento vital. En la parte izquierda del Pórtico original se sitúa la historia de la salvación; en la obra de Acisclo Manzano, esa historia se vuelve táctil, cercana y profundamente gallega. El paso de la piedra al barro supone una humanización del mito, un descenso de lo celestial a lo manual.

El comisario de la muestra, el experto Manoel Carrete, ha sabido captar la esencia de este diálogo. En un espacio mínimo, casi subterráneo, la iluminación permite que las piezas alcancen una dimensión celestial. Los versos de la poeta gallega Rosalía de Castro resuenan entre las esculturas: “¿Estarán vivos? ¿Serán de piedra aquellos semblantes tan verdaderos?”. Esa es la pregunta que asalta al visitante ante los barros de Acisclo. La viveza de las túnicas y la profundidad de las miradas parecen desafiar la inmovilidad del material, creando un escenario imaginativo donde el autor se funde con la tradición de los “santos de los croques”.

La vinculación de Manzano con Santiago y el Camino no es nueva, sino que constituye una constante en su dilatada trayectoria. Ya lo demostró en su mítica intervención de hace muchos años en la Casa de la Parra, o en su reciente aportación al Bosque de Galicia con “O prisma dos sentidos”. Esta última obra, una suerte de capilla contemporánea en el monte Gaiás, funciona como un lugar de conexión espiritual donde la luz y el viento se filtran por paredes perforadas con rostros y estrellas. Es allí donde se rinde tributo a la leyenda de aquel peregrino que falleció de emoción al contemplar, por fin, las torres de la Catedral.

Nacido en 1940, Acisclo Manzano es un pilar de la renovación del arte gallego. Miembro del grupo O Volter y de los Sete artistas galegos, su carrera es un viaje de sesenta años que ha tocado todos los materiales imaginables. Sin embargo, es en el barro donde se siente más feliz, sintiendo la humedad de la tierra bajo sus uñas. Su estilo, que comenzó en el taller del ilustre Francisco Asorey y se perfeccionó con José Liste, ha sabido evolucionar desde un expresionismo figurativo, cargado de compromiso social y político durante el franquismo, hasta una figuración abstracta de gran sutileza.

El conselleiro de Cultura, José López Campos, definió recientemente a Acisclo como un referente para las nuevas generaciones, alguien que “se hace querer por su carácter y su talento”. Su obra es un testimonio de vitalidad, un rastro que, al igual que las huellas de los peregrinos en la Vía de la Plata, marca un camino de nobleza y verdad. Al visitar su obra en Santiago, uno comprende que el arte de Manzano no es solo una exhibición de oficio, sino una oración laica labrada en la materia, una búsqueda incesante del alma que habita en el interior de cada bloque de madera o, en este caso, de cada trozo de arcilla.

La muestra inaugurada como se ha significado por Alfonso Rueda, contó con una nutrida representación institucional y cultural, destacando la presencia del Presidente del Parlamento Miguel Santalices; José López Campos, conselleiro de Cultura, Lingua e Xuventude; Anxo Lorenzo, director xeral de Cultura; Valentín García Gómez, Secretario Xeral de Política Lingüística de la Xunta de Galicia. Entre los asistentes se encontraban también alcaldes, galeristas, artistas, como Manuel Quintana Martelo, Presidente da Real Academia Galega Belas Artes, Ramón Conde o Acisclo Novo, y representantes de fundaciones, como Carlos García-Suárez, Director General de la Fundación Laxeiro, empresarios, periodistas, etc., quienes quisieron arropar este testimonio fiel de la capacidad humana para domar la materia.

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