Opinión | Buenos días y buena suerte
Démonos por jodidos
Si nos están mirando desde otro planeta puede que un día nos manden ese ARN de la serie ‘Pluribus’, para hacernos a todos iguales, adormecidos y felices. Estar adormecido es una forma de felicidad cuando la realidad te daña gravemente, supongo. Viendo el panorama, con este trajín de misiles, drones y bombas, de un lado para otro, los extraterrestres estarían alucinados, aunque, vaya usted a saber, puede que ellos sean aún mas belicistas y les parezcamos unos blandos (ojalá me equivoque y sean unos benditos cuando lleguen a salvarnos de nosotros mismos, si llegan: que lo dudo mucho).
Siempre he pensado que nos miran por un agujerito, como le gustaba decir a mi madre. Te estoy mirando por un agujerito, no te desmandes. Como los mejores servicios de inteligencia, que miraban a Jamenei por un agujerito con extrema precisión, a lo que se ve. Podrían leer hasta sus recetas. La vigilancia extrema es en lo que andan ahora los que ven la IA como un campo enorme para el control orwelliano. No sólo la lectura de rostros en las calles, eso es ya una minucia. Entrarán en nuestras mentes. Démonos por jodidos.
Claro que, si nos miran desde muy lejos, no verán lo que está sucediendo justo ahora. Efectivamente. En fin. No nos compliquemos. No perdamos el norte. El caso es que, en dos tardes, Trump y Netanyahu han puesto una parte del mundo patas arriba. Sales a por el pan y cuando vuelves el planeta es otro. Qué actividad bombardeando. He leído que es para asegurase un lugar en la Historia, pero no me lo puedo creer. Será más bien por las recompensas inmediatas. Una guerra espanta los males domésticos, aunque es cierto que Irán no era precisamente un paraíso, sobre todo para las mujeres. Trump dice ufano que, con el pedazo ejército que tienen, todo va a ser breve, pero que un mesecito bien te lo lleva. Y si hay que poner soldados, pues se ponen, añade. No era Afganistán ni sombra de lo que es Irán y ya ven cómo acabó la cosa.
La comparación más recurrente para esta guerra recién decidida, sin amenaza flagrante y en medio de unas negociaciones, es el de la patada al avispero. La zona lleva siendo un avispero una eternidad, de acuerdo, pero con dos movimientos puedes conseguir una guerra regional para echarse a temblar. La cerilla y el bidón de gasolina (nunca tan bien traído). Ni un día sin titulares, o sea. No se puede pasar desapercibido, y Trump de otra cosa no sabrá, pero, de publicidad, un rato. Que Irán estuviera en manos de una teocracia que no toleraba que le llevaran la contraria (hace semanas que había manifestaciones en las calles, a pesar, aseguran, de una sangrienta represión por parte de las autoridades) no puede servir para blanquear este apetito por la guerra. ¡Y había prometido no organizarlas! Tal vez impera esa visión televisiva, que tanto mamó el magnate: un programa debe ser sustituido de inmediato por otro. Que la gente no se nos vaya al baño en los intermedios.
Así que vaya tarde que se nos está quedando. Columnas polvorientas se alzan sobre los despojos del humanismo. Catedrales de fuego y hormigón se elevan como géiseres de muerte en el skyline. El emperador sentado contemplando la gran obra apocalíptica: guerra aquí, guerra allá, maquíllate, maquíllate. Y con el crudo, lo tenemos crudo. Porque esa parece la máxima preocupación.
