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Opinión | Global-mente

Periodista

La sombra de Irak y el riesgo de «open-ended war»

«Esto no es Irak, esto no es sin fin». En una sola frase, Pete Hegseth, el secretario de Guerra de Donald Trump, quiso descartar dos de los riesgos que planean sobre la ofensiva Furia Épica contra Irán y que están en la mente de todos.

Irak 2003. La invasión estadounidense para derrocar a Sadam Husein y provocar un cambio de régimen nació de una gran mentira: la acusación, con pruebas fabricadas por la Administración de George W. Bush, de que Irak era una amenaza global por tener armas de destrucción masiva.

Sin mandato de la ONU y con la oposición de países como Francia, cuyo ministro de Exteriores, Dominique de Villepin, pronunció un vehemente discurso en el Consejo de Seguridad, EEUU arrastró al Reino Unido -entre otros- a una guerra interminable. Fueron años de caos, terror, destrucción y abusos en Irak. Recordemos: la cárcel de Abu Ghraib donde personal militar estadounidense torturaba a los prisioneros iraquíes; la batalla de Faluya en 2004 en la que el Pentágono usó fósforo blanco contra los insurgentes; el nacimiento del ISIS (Estado Islámico) que sembró el terror, perpetró el genocidio de los yazidíes y la fundación del Califato de Mosul donde imperó, durante años, la ley islámica en su versión más aterradora.

«Open-ended war», concepto que define una guerra con final abierto, sin estrategia política de salida que permita cerrar el conflicto. Es lo que muchos analistas ven en la actual ofensiva israelo-estadounidense contra Irán, al menos en lo que concierne a EEUU porque para Israel el objetivo está claro: aniquilar la amenaza existencial que representa Irán para el Estado hebreo. Punto.

Otra cosa es EEUU cuyo argumentario bélico ha ido cambiando de hora en hora desde el sábado cuando Trump dijo que Irán pronto tendría misiles de largo alcance que podrían llegar a EEUU y después que el objetivo de la campaña era el cambio de régimen, hasta que sus lugartenientes, Marco Rubio y Pete Hegseth, centraron el tiro en objetivos militares: destruir la fuerza naval y las capacidades balísticas iraníes.

Según Rubio el desencadenante de la ofensiva fue que en un año o algo más Irán tendría tantos drones y misiles de corto alcance que habría traspasado la «línea de inmunidad», o sea sería intocable y tendría al mundo a su merced. Y añadió el secretario de Estado que intervinieron antes de que inevitablemente lo hiciera Israel porque sabían que entonces Irán atacaría intereses estadounidenses en la región del Golfo.

Ambigüedad, improvisación o quizás ocultación de los motivos reales de la ofensiva Furia Épica. El caso es que sin mandato de la ONU y contra la ley internacional, EEUU ha vuelto a arrastrar a su terreno a algunos países europeos. Asunto peliagudo en el Reino Unido, todavía traumatizado por la guerra de Irak. Su primer ministro, el laborista Keir Starmer, se opuso primero a ceder la base de Diego García a la aviación estadounidense, justamente por no tener la cobertura de la legalidad internacional. El domingo dio su autorización argumentando la protección de los cien mil británicos que viven en Oriente Medio y que la amenaza iraní solo se puede neutralizar destruyendo sus misiles antes de que los lancen. Starmer aseguró que tenía presente los errores de Irak y sus lecciones, sin duda consciente de que la sombra de aquella guerra catastrófica es larga y oscura.

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