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Opinión | Buenos días y buena suerte

Profesor titular de Universidad

Greta Alonso, feliz redescubrimiento

Leo mucha novela negra, aunque no tanta como mi buen amigo Dave Clark, el mayor especialista en la novela policial irlandesa que conozco (tras ‘Dark Green’, en Peter Lang, prepara su segundo asalto al género, tan desarrollado en lengua inglesa. En español y en gallego, también el ‘noir’ está en alza).

Pienso en todo esto mientras avanzo en ‘El asesino del invierno’ (Planeta), la tercera novela de Greta Alonso. Hay dos más, en efecto, de cuando Greta aún no era esta Greta. O de cuando no se había dado a conocer. Es un feliz redescubrimiento el de esta ingeniera química y también psicóloga, porque su tratamiento del ‘noir’, o más bien thriller, no se parece mucho a todo lo conocido. Por más que hoy surjan novelas trepidantes casi todos los días.

El género negro se mueve, por supuesto, desde las raíces clásicas, desde nuestro Montalbán, cumbre de las cumbres, aunque él era un descreído de la clasificación y el etiquetaje literario. Nada de géneros. De ahí en adelante, muchos nombres de postín (citar algunos implica dejar a otros fuera, lo cual siempre es injusto). No diré que ahora son legión, pero sí son muchos. Y las Semanas Negras (desde Gijón a Getafe, de Vitoria a Barcelona, entre otras) han ayudado lo suyo a popularizar historias que nos parecían más del mundo anglosajón. O del mundo nórdico, una de las ramas más productivas.

Otra cosa el ‘cozy crime’, historias más amables del crimen. Un invento que modificó en cierta medida la aproximación científica y humorística del esotérico y raro Conan Doyle (médico victoriano, pero aficionado al ocultismo), que arrasó con sus publicaciones en ‘The Strand Magazine’. Hasta desembocar, cómo no, en Agatha Christie (se acaba de recordar hace apenas unas semanas su figura, con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento). Las series de televisión están reinventando una Agatha Chistie mucho más oscura, pues quizás va más con estos tiempos. Pero la imagen de David Suchet como Poirot o la de Joan Hickson como Miss Marple (aquí hay competencia) me parece de verdad insuperable.

Todo esto nos lleva inexorablemente a los climas lluviosos y las tardes somnolientas. El norte ha inspirado mucho ‘noir’, y mucho ‘thriller’ y en este país especialmente. La zona de Torrelavega, Santillana o Suances es muy productiva (nuestra María Oruña es buen ejemplo), por no hablar, claro de los valles umbríos, como el Baztán de Dolores Redondo, o la Vitoria de Eva García Sáenz de Urturi, o el mundo vasco de Ibón Martín y Mikel Santiago.

Y aquí surge Greta Alonso. Hablo telefónicamente con ella. No hubiera sido posible antes, no de esta manera, porque Greta no se había mostrado ante el público. El mundo editorial era un vértigo para ella. Convertirse en autora, también. Hay algo de ternura en su relato: “yo escribo sin plazos. Para mí esto es aún un divertimento, y me gustaría que siguiera así…” Me intereso por su anterior anonimato, por su miedo a ser una figura conocida: “yo no podría escribir bajo presión… De pequeña padecí de oídos, así que me encerraba a leer. Escribí siempre, pero no esperaba que me iba a publicar una editorial importante. Me sentí sobrepasada. Para mí los escritores eran dioses. Con la segunda novela tuve pesadillas. Mi anonimato me hizo sentir que la novela no era mía… no podía ir a clubes de lectura. Así que decidí dar la cara. Y bueno, el miedo va pasando. Los lectores son muy gratificantes”.

Me acordé de Thomas Pynchon. Hasta Stephen King anduvo anónimo un tiempo. “Me sentía pequeña. Llegué a pensar que los escritores no iban ni a la compra…”. Reímos un rato. ‘El asesino del invierno’ es una estupenda novela, llena de guiños antropológicos (las mascaradas celtas del solsticio), y de referencias científicas que la autora conoce bien. No es un noir al uso y por eso me ha parecido que inaugura algo. Es un gran libro sobre los miedos interiores, sobre el miedo antiguo e infantil, sobre el disfraz real y fingido

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