Opinión | ON-OFF
El no a la guerra da votos
El da votos hay que entenderlo en presente histórico. No es seguro que hoy mismo o en el futuro el eslogan cause ya efecto. Tampoco que quite votos como le sucedió a la izquierda de la izquierda. De hecho, a partir del pasado día 15, elecciones en Castilla y León, desaparecieron las consignas recuperadas de la guerra de Irak, hace más de veinte años. Dependerá, claro, de la evolución del conflicto actual y de sus consecuencias. No de las económicas, sobre las que el Gobierno tiene la principal competencia y a quien se le pide que actúe. En el plano estrictamente político, con la mirada en las elecciones andaluzas, no parece que vayan a influir en la decisión de los votantes. Dentro de tres meses se hablará de otro cosa.
En contra de muchos, entre los que no incluyo a la clase política, creo que Sánchez sacó buenos réditos con la vieja proclama. No sólo frenó la caída sino que el PSOE se recuperó tras los batacazos anteriores. Por dos motivos: el perfil del candidato y la ocupación de todo el espacio de la izquierda gracias a su no a la guerra. Carlos Martínez, el candidato, se benefició del cariño de sus convecinos tras casi 20 años como imbatible alcalde de Soria. Y el sanchismo salvó los muebles tras priorizar este asunto en la recta final de una campaña que se prolongó hasta el mismo día de reflexión, con manifestaciones en muchos lugares de España.
Resulta curioso que quienes con más ahínco gritaban no a la guerra hayan sido los grandes perjudicados en los últimos comicios. Sus efectos se antojan bien difíciles de revertir en el futuro dado el parecido de mensajes y actuaciones a las del PSOE. Sánchez los vampiriza. Y para ello cuenta con la valiosa colaboración, no sólo pasiva, de la vicepresidenta Díaz.
El no a la guerra no influyó para nada en PP y Vox, los dos partidos que más crecieron en la Meseta, aunque los de Abascal por debajo de las expectativas que ellos mismos se habían creído. Al contrario. No era eso, el conflicto en Oriente Medio, de lo que se trataba. El electorado, en general, sabe distinguir después de casi medio siglo de democracia en España. Todo el mundo está en contra de la guerra. Con más razón si no es conforme a la legalidad internacional y por encima si quien la promueve es especialista en desairar a sus socios europeos, incluida la OTAN, de forma grosera. Pero el ciudadano de a pie, generalmente bien informado, tampoco traga que se le utilice para lograr un puñado de votos. Porque si Trump es un impresentable, peor son los ayatolás.
También resulta significativo que los partidos nacionalistas se mantengan a cierta distancia. Son, por supuesto, defensores del no a la guerra, pero desde el primer minuto se percataron de las intenciones ocultas del presidente. Por ejemplo, se desentendieron de la convocatoria del protesta del sábado, 14. En Barcelona no llegaron a concentrarse ni un centenar de personas y en Galicia el BNG impulsó un acto multitudinario en Santiago ante lo que considera una situación de emergencia del idioma gallego. En el de Madrid, el más numeroso, no se sumaron ni cinco mil almas, aún después de haber convocado decenas de organizaciones y personajes famosos.
Al igual que Sirat, la magnífica película del gallego Oliver Laxe, no tuvo premio a pesar del protagonismo de Javier Bardem en su grito contra la guerra, que lo repita el presidente del Gobierno tampoco influirá en la consecución de la paz. No obstante, el verdadero objetivo, levantar la moral de los suyos, de momento lo consiguió. Pero también dejar en shock a sus socios de la izquierda, con buenas perspectivas para legítimamente apropiarse de sus votos, lo cual le reportará beneficios a la hora de contar los votos. Es una buena inversión. Este espacio está en franca descomposición, por mucho que Rufián predique en el desierto.
Satisfechos PP y PSOE tras la batalla en Castilla y León, toca centrarse en las medidas que ha de tomar el Gobierno para paliar los efectos de la guerra. Los consumidores pierden poder adquisitivo mientras Hacienda hace caja. A ver que nos cuentan hoy. Pero hay malas vibraciones.
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