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Opinión | Con sentido común

Notario jubilado

La Iglesia no es un chiringuito

“Me niego a aceptar que la juventud que sube tenga… esa tirada hacia lo cristiano… Me da pena que necesiten creer en algo y se agarren en la fe cristiana. Lo siento por la Iglesia, menudo chiringuito tenéis montado”. (Silvia Abril, cómica)

Vayamos por partes. La juventud puede ser atea, agnóstica, pasota y, ¡cómo no!, cristiana; y “tira” a lo cristiano porque valora las enseñanzas evangélicas de Jesús.

Le citaré algunos valores extraídos del Evangelio: caridad, austeridad, compasión, esperanza, humildad, justicia, fidelidad, libertad, perdón, prudencia. También nos instruye sobre antivalores universales: ambición, soberbia, calumnia, codicia, desprecio, escándalo, hipocresía, cólera, mentira, vanidad,…

¿Alguien puede repudiar estas normas de vida?, ¿usted las rechaza?; tal vez las desconoce.

El cristiano acepta las enseñanzas del Evangelio porque proceden de Jesús, el Hijo de Dios; un no cristiano las apreciará como valores éticos para la convivencia y la paz personal. ¿Cómo lo ve?

Sigamos. “Me da pena que necesiten creer en algo…”. El ser humano ha sentido siempre la necesidad de creer en algo o alguien superior a él, es una realidad histórica, social y antropológica. Hoy, unos creen en adivinos o echadores de cartas, cuya preparación intelectual suele ser dudosa y que, además, cobran honorarios. Otros, creen lo que les dicen en las redes sociales personas desconocidas e, incluso, anónimas, de cuya veracidad no dudan. También hay agnósticos y ateos. El cristiano, cree en Dios, Jesús, el del Evangelio: ¿por qué se nos desprecia?

Y termina su exposición: “Lo siento por la Iglesia, menudo chiringuito tenéis montado.” ¿Dígame una institución que tenga 20 siglos de vida? En el mundo hay 2.600 millones de cristianos -1.250 millones son católicos, 1.100 millones protestantes y 250.000 ortodoxos y otros.

La Iglesia, chiringuito para usted, ha difundido el Evangelio durante 20 siglos y ha tenido, y sigue teniendo, una intensa actividad social dirigida a los más necesitados.

La estructura de la Iglesia está formada por seres humanos y puede haber comportamientos perversos, los ha habido, pero la maldad de unos pocos no puede servir para denigrar al conjunto.

Sí a la libertad de expresión ejercida con conocimiento, reflexión y respeto.

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