Opinión | Reflexión pública

Escritor
La camelia, camino de luz
La camelia seguramente sea en el mundo rural el único árbol apreciado y respetado entre los que no son frutales, o si se quiere, entre los ornamentales. Ello quiere decir que se ha aceptado entre las casas rurales, y es frecuente ver arbustos de ella dentro de huertas y patios, y no lejos de viñas, naranjos y limoneros. Diría que entre ellos encajan bien. Son árboles que se adaptaron muy bien al paisaje rural. En las casas rurales con una cierta sensibilidad las camelias ocupan un espacio de preferencia, no tanto por su importancia e interés, sino también por la emisión especial que desprenden de sí. También es frecuente verlas en los atrios parroquiales dando un ambiente entre elegante, melancólico y romántico, como queriendo aturdir el sentimiento serio al entrar en estos recintos fúnebres: desde luego con sus flores sí. La camelia ingresó como un elemento de la Orfebrería.
Aunque su sitio verdadero son los jardines. Los jardines de las casas grandes, las rectorales, los pazos, y los pazos con fama celebrada por las camelias que poseen, mejor, que han sabido cuidar, conservar, y admirar… Todo ello produce una verdadera esencia poética que va desde Emily Dikinson hasta Rosalía de Castro, desde Jardín Umbrío de Valle-Inclán hasta Los Pazos de Ulloa de Emilia Pardo Bazán. Entre el humus mismo se desprende una exquisitez, cual es la alfombra llena de pétalos que dan luz al suelo musgeado antes de desaparecer. El mirto y la azalea comparten vecindad estética. Todo ello reunido provoca un magnífico estado psicológico en la contemplación, una afirmación aprobativa y un sentir que ese espacio destila una honda atracción . Bajo el ardiente sol producen una sombra asegurada por el grosor de sus hojas . Las horas de permanecer entre camelias, tanto en recinto privado como público, son horas cargadas de estética y favorecen la creación artística y la lectura concentrada , como también la conversación.
El estudioso más reconocido de la camelia es Antonio Odriozola (1911–1987). Prevalece su libro Camelias de Pontevedra (1974), y también sus numerosos artículos sobre este árbol y esta flor mágica continúa siendo referencia asegurada. Existe el Paseo Antonio Odriozola en Pontevedra. Existe el Memorial Antonio Odriozola y siempre se le recuerda en el Concurso Internacional de la Camelia. Sin duda Odriozola era un magnífico y directo captador de esencias. Seguro que fue lector de Rilke. Penetró absolutamente en el secreto profundo de esta flor–las flores– de la camelia. Las disfrutaba todas como una exquisita colección de variaciones –colores y formas–. Mientras el poeta checo dedicó numerosos poemas a la rosa (existen estudios) y fundó así una metafísica y una ontología, Odriozola realizó asedios científicos y eruditos con el fin de edificar –construir– una Cameliología . La tenía ante sí sensorialmente, voluptuosamente, y la obtenía después de inmediato como una suprema construcción de su mente, como algo etéreo y permanente, que si estaba fuera de él la tocaba y al estar en su intelecto se deleitaba, y lo acompañó hasta el mismo día de su entierro (yo la vi) sobre su ataúd.
Hace unos días se celebró en Vigo el Concurso Internacional de la Camelia. Una carpa inmensa cubría las mesas con increíbles variedades de esta flor: eran belleza pura, creación directa de la Naturaleza. En la Calle del Príncipe sugerentes paneles mostraban espacios atractivos con flores en primer plano. Toda una acertada didáctica de la convicción para que la gente se convenciera a adquirir arbustos jóvenes y saber más de la camelia.
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