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Opinión | Políticas de Babel

Profesor universitario

El fin de la guerra en Irán

Los ataques a petroleros y cargueros en el entorno del golfo Pérsico, del golfo de Omán, y hasta del mar Rojo, unido al cierre de Irán del estrecho de Ormuz, han provocado una urgencia por el fin de una guerra que ya afecta a todo el mundo, pues su impacto en las fuentes de energía petrolera y gasística que abastecen a medio planeta ha provocado ya un aumento de los precios de la gasolina, el gasoil, el gas, y la electricidad. A fin de frenar este auge inflacionario, la Administración Trump acordó levantar temporalmente las sanciones al petróleo de Rusia, pese al impacto que ello pueda tener en el flujo de dinero destinado a financiar la invasión rusa de Ucrania. Se trata de que países terceros puedan comprar petróleo ruso; pero sólo entre el 12 de marzo y el 11 de abril, y exclusivamente aquél que se encuentre varado en buques en el mar (por lo que no afecta a los puntos de extracción, que es de donde Moscú obtiene sus ingresos más cuantiosos incluso a través de impuestos. Algo semejante se gestiona sobre el petróleo iraní que se encuentre en alta mar.

Por otro lado, está la Pascua Judía, que rematará el 9 de abril. Pues bien, ahí tenemos ya un par de fechas que podrían ser indicativas, si no del fin de la guerra como tal, sí al menos de una relajación del conflicto que devuelva la calma a la región y la tranquilidad a las economías mundiales. Aun así, son conjeturas, dado que una “guerra de desgaste” semeja una hipótesis en la que ambas partes del conflicto se podrían sentir cómodas. ¿Por qué? Pues porque el régimen iraní sabe que la guerra ya está generando divisiones en el seno del movimiento MAGA; y Trump es mucho lo que se juega, no sólo en el terreno del descrédito internacional, sino también en las elecciones de Mitad de Mandato del próximo noviembre (al igual que Netanyahu en las legislativas de octubre). Por su parte, Washington y Tel Aviv desean seguir debilitando la cúpula política y militar iraní; avanzar en la merma de las reservas de misiles y de la fuerza aérea y naval del país persa; y quizá propiciar una revuelta en Teherán o bien del Ejército regular, o bien de la población y los grupos de poder internos.

Pero mientras eso llega, el fuego cruzado ya afecta a puntos energéticos esenciales tanto en 12 países de la región, como en la propia isla de repostaje de Jark, y en el yacimiento de gas de South Pars, compartido por Irán y Catar. Por eso Emiratos Árabes Unidos y Catar ya han iniciado un proceso de diálogo con el resto de las monarquías del Golfo para presionar al Gobierno iraní. Por su parte, desde Europa también se inician contactos y decisiones que van más allá de las negociaciones con Teherán que, de manera incluso individual, están realizando varios países para propiciar la seguridad de sus barcos.

Un ejemplo es la Declaración Conjunta firmada el pasado jueves por Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Japón. Como líderes regionales que son, estas Administraciones interpelan al Gobierno de los ayatolás para poner fin al bloqueo del suministro energético. Se amparan en la Resolución S/RES/2817 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El 11 de marzo, la ONU condenó los ataques iranís en la región, apelando a la libertad de la navegación. Asimismo, recuerdan estos países la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Y es que el Derecho Internacional condena cualquier acción que, también sobre el mar, pueda constituir una “amenaza para la paz y la seguridad”. De ahí que se dispongan a planificar y garantizar de manera conjunta el paso seguro de los navíos por el estrecho de Ormuz.

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