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Opinión | POSDATA

Doctor en Economía

No tenéis perdón

El otro día se hizo la exposición pública del acuerdo a que se ha llegado sobre el merecido reconocimiento a las víctimas de la pederastia dentro de la Iglesia Católica Española. Fueron muchas y sus agresores también, que duele, pero también que estos hayan estado protegidos bajo un manto hipócrita, mezquino y pecador que tendía sobre ellos la propia Iglesia, institución que dice tener entre sus más sobresalientes funciones la de ayudar a lograr el perdón de los pecados, no su ocultación, que es una forma más de pecar.

Que la Iglesia Católica Española haya hecho eso avergüenza y que fuese durante docenas de años horroriza. Y a fuerza de ser sincera, debería haber sido ella la que hubiese tomado la iniciativa de castigar a los pederastas y atender a sus víctimas, rauda y sin necesidad de que tuviese que habérselo demandado el mismo Papa de Roma, que ya es sorna.

Pero, por fin, aunque no haya sido por iniciativa suya, ha llegado el momento de que resarza los sufrimientos a las víctimas. Sin embargo, aunque estos padecimientos puede que nunca se curen del todo, menos aún lo serán si en el último trámite el presidente de la Conferencia Episcopal se pronuncia sobre las limitaciones que ha de tener la indemnización que corresponde, añadiendo, para más inri, que ni siempre corresponderá, ni tiene que ser igual para todos y aun menos demasiado grande. Eso dijo, creedme.

Yo, al oírle pensé que, si Cristo volviese a deambular por estas tierras, igual que le dio unos sopapos a los mercaderes que profanaban el templo con sus negocios, también a estos obispos se le debían dar, incluso más, porque su profanación es mucho más grave que la de ellos. Los mercaderes eran gente ajena pero los obispos dicen que son de los nuestros. Aquellos alardeaban de su riqueza y estos la agachan, pero esa es la única diferencia y tanto da, la tienen.

Es posible que Luis Argüello García estuviese en trance de equivocación mientras se pronunciaba de tal manera, es posible, no lo sé, pero los obispos no están dispensados de pasar por el confesionario y visto lo visto, ellos también pecan.

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