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Opinión | Políticas de Babel

Profesor universitario

El Caribe cobra protagonismo

Mientras el mundo se concentra en la guerra de Irán, el Golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz; y Ucrania, como exponíamos aquí hace unos días, lamenta el desinterés mediático y político sobre su situación frente a la invasión y el avance ruso, otros tres contextos geográficos sufren con vehemencia las consecuencias de tanto despropósito bélico, al tiempo que afrontan sus propias miserias. Me refiero a Asia, Europa y, dentro del contexto americano, al espacio bañado por el mar Caribe. Y es que, al tiempo que el conglomerado asiático se blinda ante un estancamiento de sus economías, el mal llamado ‘viejo Continente’, incluso dentro de la UE, no es capaz de disimular las divisiones y controversias en las que incurren, vergonzosamente, sus miembros.

Como prueba, ahí están los países que se suman a las vacilaciones del fugado Reino Unido con respecto a EE.UU.; socios como Hungría, que juegan a ser el aliado díscolo; o Estados como el español, que desquician en igual medida al ´primo de zumosol´ norteamericano, a nuestras monarquías amigas de Oriente Medio, e incluso a los Gobiernos socialdemócratas de la Unión. Me refiero a Dinamarca y Malta, que no entienden ni las políticas migratorias de España, ni nuestro peculiar doble rasero en materia de Defensa y protección solidaria.

Curiosamente, al tiempo que tratamos de interpretar tanto caos a este lado del Atlántico, el Caribe reclama nuestra atención. A modo de ejemplo, estos días he podido comprobar cómo mientras España disfrutaba sus procesiones de Semana Santa, países hermanos como la República Dominicana prohibían aglomeraciones lúdicas, música festiva y hasta la venta de alcohol en días como el Viernes Santo. Por su parte, el bellísimo Puerto Rico no dudaba en repatriar nuevamente a migrantes haitianos ávidos de alcanzar su territorio por vía marítima. Y, ya que mencionamos al maltrecho Haití, cómo describir la situación de un país adorable y acogedor que, como tantas veces he denunciado aquí tras cada uno de mis viajes, aparenta condenado a la desolación. Esta semana recibió a los 5.500 efectivos de la Fuerza de Represión de Pandillas diseñada por la ONU para sustituir a una Misión de Seguridad para Haití (MMS) que no logró acabar con esas bandas armadas que han asesinado ya a más de 5.000 personas en menos de un año.

No sé qué le depararán a Haití las elecciones generales previstas para este verano si finalmente logra celebrarlas; ni tampoco cuál será el resultado de los comicios presidenciales que se celebrarán en Colombia entre mayo y junio. Habrá que estar atentos; sobre todo para ver hasta qué punto influyen en la ciudadanía haitiana y colombiana tanto la ‘marea azul’ que inunda Latinoamérica, como la situación que viven otros contextos del Caribe, como Venezuela y Cuba. La primera, viendo cómo el departamento del Tesoro de Trump le levanta las sanciones a Delcy Rodríguez, al tiempo que el dictador Nicolás Maduro se doblega desde prisión demandando ahora una “colaboración inteligente” con EE.UU. Y, la segunda, Cuba, descomponiéndose económica y políticamente, mientras aguarda recuperar la bonanza que el régimen castrista le ha usurpado durante casi seis décadas. A la redención cubana contribuye ya EE.UU., permitiendo tanto la llegada de ayuda rusa a La Habana, como a varias empresas estadounidenses exportar y vender combustible a la Isla con fines humanitarios y para ayudar a pymes esenciales (supermercados, panaderías, distribuidoras, etc.) alejadas de la corruptela gubernamental. En definitiva, vivimos tiempos convulsos; en los que cada contexto geográfico brega con sus zozobras.

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