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Opinión | Con sentido común

Notario jubilado

¿A dónde fue la cortesía?

Cortesía, buenos modales, urbanidad y educación, son conceptos que a muchos les sonarán rancio, pijo, cursi, ñoño; no negaré el refrán que afirma “Demasiada cortesía es falsía”. La cortesía, atención, respecto o afecto a otra persona o grupo de personas, facilita la convivencia y hace la vida más amable.

Una reciente encuesta en EE.UU. concluía que el 46% de los americanos considera que ha aumentado la aspereza en las relaciones sociales. Vivimos en una sociedad más fría, con lazos sociales distantes, menos frecuentes, respetuosos y cívicos: un declive de la comunicación humana.

El deterioro se extiende al saludo; ceder el paso, la entrada a un lugar o el asiento en un transporte público; compostura corporal; permisividad insalubre a las mascotas; prestar ayuda a un invidente, mayores o personas con dificultades; hablar a gritos; ciclistas poco cívicos;…Decía Francisco de Quevedo: «Te reciben según te presentas; te despiden según te comportas».

En el hogar, también se evidencia su deterioro en el orden, colaboración, diálogo, limpieza, ..., y en el trabajo, individualismo, crítica, aspereza, frialdad, …

Sociólogos, psicólogos y psiquiatras tendrán opinión fundada sobre las causas y cada cual tiene la suya. La cortesía es poco práctica en una sociedad utilitarista, pragmática e individualista. La vida apresurada, masificada y despersonalizada de las ciudades, en las que el trato personal se diluye, también tiene mucho que ver.

La educación se centra más en lo tecnológico y lo utilitario y menos en las humanidades y las relaciones sociales. La inteligencia emocional se contempla como asignatura sólo en algunas universidades y carreras, cuando es una competencia fundamental, con independencia de la dedicación. La cortesía hoy es parte de la inteligencia emocional visible.

No es menos influyente el menor tiempo que los padres dedican a los hijos, sea por razones laborales o porque ellos mismos ya fueron educados con esa carencia. Las redes sociales con su lenguaje frío, pobre, malsonante e insultante en ocasiones, colaboran al deterioro de la cortesía.

La sociedad hoy es más rica en lo material, pero menos amable. Si la educación se transmite por contagio, merece la pena epidemia tan saludable.

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