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Opinión | Con sentido común

Notario jubilado

Cortesía parlamentaria

La cortesía en el Congreso de los Diputados y en la política es un reflejo de los modales habituales en la sociedad de hoy. Los debates del pasado 25 de marzo confirmaron el penoso lenguaje y las deleznables formas que utilizan numerosos diputados y políticos en general.

Eso sí, sus señorías practican una fría cortesía de barniz, formal, hipócrita, como señoría y otras cursiladas. Sus actitudes frecuentes son los gritos, gestos agrios, entrecejo fruncido, dedo índice amenazador, tono chulesco, risas despreciativas, actitudes soberbias, pataleos: en vez de rebatir las ideas, las propuestas, los principios, personalizan los debates con descalificaciones insultantes.

¡¿Qué decir del lenguaje?!: “Me lo ha puesto a huevo”, “De una puñetera vez”, “No tienes ni puta idea”, “Matón”, “Hay que tener jeta”, “Cúrreselo un poco”, “Ya vale de utilización de mierda”, “Sánchez es muy valiente con los huevos de los demás”, “Ser un lacayo no un patriota” y tantas otras.

Léxico propio de quien carece de educación y de argumentos, porque se puede ser duro con palabras, sin caer en la chabacanería, pero para eso es necesario disponer de un buen bagaje de razonamientos, riqueza expresiva e ideas, que a ustedes les faltan.

Ejemplo deplorable para los jóvenes y grave afrenta a los españoles, a los que dicen representar: ¡con semejantes modales no me representan! No puede extrañarles que parte de la sociedad se aleje de la política y de las instituciones.

Los debates políticos de hace unos años no estuvieron exentos de ofensas, pero con una mordacidad ingeniosa: “Víbora con cataras”, “Tahúr del Mississippi”, “Monja soldado”, “Bobo solemne”, “Bambi”, “Caperucita Roja vestida de Carlos IV”, “Ha meao fuera del tiesto”, “Es como la señorita pepis vestida de soldado”, “Se le ve el plumero”, “Es de las que besa de día y muerde de noche”, “Es tonta de capirote”,…

Decía Schopenhauer: “Cuando las artes de la argumentación fracasan, el último recurso son los insultos y las ofensas”.

Lean, aprendan, reflexionen y, sobre todo, escuchen y observen a su alrededor la realidad, no sólo la de sus asesores, que viven tanta alejados del día a día de los españoles, como ustedes mismos

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