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Opinión | La lectura y los libros

Médico

La ilusión por pasar al siguiente nivel

Seguramente lo han visto en bastantes parejas: llevan años juntos, han hecho todo lo que suelen hacer las parejas, menos tener hijos, —a veces, incluso eso también—, y en los últimos tiempos su relación languidece. En esa situación es frecuente que les escuchemos decir cosas como estas: «no me sigue el ritmo”, «no me aporta nada”, “la relación ya no me compensa».

En ocasiones, sobre todo si la pareja es muy joven y, por ejemplo, uno de ellos está dando sus primeros pasos en el mercado laboral, mientras el otro sigue estudiando, es muy evidente que sus expectativas difieren ampliamente, con independencia de que la edad pueda ser muy parecida.

Es cierto que es prudente contar con una sensata compatibilidad entre los intereses y deseos de ambos. Pero también es verdad que nuestra época piensa por nosotros, hasta el punto de imponernos unos supuestos previos: máxima libertad y placer, adquisición de múltiples experiencias, consideración meticulosa de nuestra entrega al otro y lo que recibimos de él, entre otros. Esto puede hacer que, incluso ante pequeñas dificultades, la “cuenta de resultados” arroje un saldo negativo.

La nuestra es la época del yo. En épocas no lejanas, apenas unas décadas atrás, probablemente era más frecuente que la gente desarrollase su vida más bien en torno a un nosotros. No era tan fácil ni rápido pasar de una etapa a la siguiente; podríamos decir que había que acumular puntos, como para subir de nivel en un videojuego. La dificultad o la demora aumentaban la ilusión por avanzar; pero más aún lo hacía tener una meta común, un destino al que dirigir los pasos de ambos. En suma, el sentido estaba más claramente presente.

En una lógica muy diferente de la contable, —la del don—, el otro es para nosotros el mayor regalo, lo que se construye entre ambos es más grande que la suma de los dos, y está en nuestra mano luchar por subir de nivel, pues nuestra voluntad no cuenta menos que nuestro sentir.

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