Opinión | POLÍTICAS DE BABEL
Alucinados con Péter Magyar
No digo ‘entusiasmados’, sino ‘alucinados’ porque temo que la ilusión que ha generado el vencedor de las elecciones parlamentarias húngaras sea excesiva. Si las expectativas creadas por los socios europeos no se cumplen, la decepción podría convertirse en lamento y frustración. Y es que es tanto lo que se espera del victorioso Péter Magyar, y tantas las dudas que provocaba Viktor Orbán, que difícilmente se logrará encontrar un punto intermedio entre las expectativas administrativas, y la realidad del día a día al frente de un Gobierno que se ha ido escorando durante años y de manera radical hacia el hoy derrotado primer ministro. Ha sido esa manipulación institucional uno de los factores que ha llevado al centroderechista Partido Respeto y Libertad (Tisza) a obtener 138 escaños, frente a los 55 del conservador nacionalista Fidesz-Unión Cívica Húngara de Orbán, o a los 6 del Movimiento Nuestra Patria (Mi Hazánk) del ultraderechista Lászió Toroczkai. También el deterioro democrático, el declive de los servicios públicos (sobre todo educación y sanidad), las cloacas del Estado, el clientelismo con los oligarcas, la propaganda, el elevado déficit, y la inflación. Al menos así lo han entendido los jóvenes y de mediana edad, con nivel educativo reconocible, y de áreas principalmente urbanas.
Habrá que ver cómo afronta Péter Magyar estos retos, sobre todo sabiendo que el electorado que le ha apoyado representa un voto prestado y transversal, que abarca a derechistas, conservadores, nacionalistas, socialistas, liberales, verdes, etc.; y que puede perder si no cumple las expectativas. Eso sí; el comienzo será optimista, porque Budapest debe pisar el acelerador si quiere recuperar los 17.000 millones de euros de fondos de recuperación (10.000) y estructurales de la UE, retenidos por la Comisión (CE) debido a incumplimientos que abarcan el Estado de derecho, la independencia académica, la libertad de los medios de comunicación, el derecho de asilo, etc. Tendrá que actuar rápido Magyar, pues sólo tiene hasta el 31 de agosto para tramitar la nueva solicitud, y hasta el 31 de diciembre para ejecutarla; aunque seguro que la CE articula alguna fórmula para que pueda hacer uso del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia si los proyectos se asientan en programas competitivos, europeos, publico-privados, etc. Después ya llegará la hora de hacer una buena auditoría, y ver qué pasa con esos 20.000 millones (de 80.000 recibidos), sobre los que la CE sigue pidiendo explicaciones.
Habrá que ver también cómo logra ‘contrarreformar’ la Constitución que Orbán rediseñó a su imagen; cómo limpia la injerencia mediática sin crear cismas (de momento cerrará temporalmente ciertos medios públicos); cómo devuelve la credibilidad al sistema judicial; cómo legisla derechos sociales como los del colectivo LGTBIQ+; cómo resitúa a Hungría en la centralidad europea; cómo gestiona la inmigración; cómo interpreta el papel de Ucrania en la guerra frente a Rusia y en la UE (cuya adhesión acelerada ya ha rechazado, y sabiendo que el Consejo Europeo lo presionará para que ceda en el préstamo a Kiev de 90.000 millones de euros); cómo logra gestionar esa dependencia del gas y del petróleo rusos que Budapest necesita a precios asequibles; y cómo explica su cercanía estratégica a Israel y Netanyahu. Todo ello en menos de dos legislaturas (pues promete no ejercer más de dos mandatos). Por tanto, toca esperar y comprobar cuánto se desmarca Magyar de esa “democracia iliberal” matriz de la que se escindió, y que fue construida por su mentor, el amigo de Trump y cercano a Putin, Viktor Orbán.
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