Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Políticas de Babel

Profesor universitario

Ni victoria ni derrota

La doble vía estadounidense de elogiar los avances en las negociaciones con Irán gracias a la mediación del astuto y conciliador Pakistán, y al tiempo persistir en sus amenazas de destrucción de las infraestructuras estratégicas del país persa, así como atacar y amedrentar a buques de bandera iraní, hace que Washington no sea considerado un actor digno de confianza. Paradójicamente, Teherán también genera una desconfianza difícilmente superable para Israel y Washington, no sólo por las dos tendencias que ya se detectan en el Gobierno persa (una línea dura capitaneada por los Guardianes de la Revolución frente a una postura más dialogante en el seno del Gobierno), sino también por la presión por parte de Hamás en Gaza, y sobre todo de Hezbollah en el Líbano, para que Teherán no firme ningún alto el fuego que no contemple la salvaguarda y el derecho de pernada de las milicias terroristas chiís en toda la región.

Por eso, si el diálogo con Irán está sometido a un constante titubeo bélico y diplomático, las conversaciones entre Beirut y Tel Aviv no aparentan más fáciles, pese a la ampliación del alto el fuego tres semanas más. Para constatarlo no hay más que ver la euforia, los cánticos de victoria, y las amenazas de destrucción de Israel con las que celebraban estos días su regreso al sur del Líbano los seguidores de Hezbollah. Si a ello le añadimos un complejo reparto del poder confesional entre cristianos católicos maronitas, sunís, y chiís, pues ya nos hacemos una idea de lo difícil que será una paz duradera entre Israel y el Líbano que no tenga en cuenta las inaceptables exigencias del Partido de Dios; es decir, de Hezbollah.

Trump no hizo caso ni de las advertencias del general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, ni de los pocos expertos en Irán que se salvaron de la purga del Pentágono. Lo fio todo a Netanyahu y el Mossad, sin entender que ellos tenían sus propios intereses. Y tampoco contaba con las vacilaciones de unos socios europeos que primero se negaron a unirse al neoyorquino frente al cruel régimen teocrático iraní, y ahora pretenden crear una improvisada alianza militar defensiva de escolta de navíos en el Golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz. Es esta falta de compromiso, de unidad y de acción conjunta, la que están aprovechando la mayoría de las tiranías del mundo para seguir con sus atrocidades y sus violaciones de Derechos Humanos. Mientras tanto, Occidente pretende defender sólo una parte del Derecho Internacional, incluso pensando que un alto el fuego o una paz justa y duradera en Oriente Medio se puede firmar con los ayatolás sin emplear un solo proyectil.

Fíjense lo irónico de la situación, que mientras Gobiernos como el español apelan al “no a la guerra” y recelan de las armas y de las acciones bélicas, Hezbollah se niega a entregar su armamento a cambio de paz; y Teherán tiene como línea roja para alcanzar algún tipo de acuerdo que se le permita continuar con su programa balístico, que incluye el desarrollo de sus potentes misiles, sus drones de última generación, y sus lanzaderas de cohetes. Consideran esta licencia armamentística una “prioridad absoluta” para fortalecer su “capacidad de disuasión”. Irán, lleva tiempo preparándose incluso a nivel industrial y de fabricación; y grupos terroristas como Hamás, Hezbollah, los hutíes en Yemen, o los paramilitares de Siria e Irak, presionan para que los ayatolás no cedan. Es ésta una de las principales trabas en las negociaciones; y lo que está provocando que unos no consigan declarar la victoria deseada, y otros no se vean forzados a reconocer la derrota merecida.

Tracking Pixel Contents