Opinión | On/Off
¿Prioridade nacional galega?
Si al concepto de prioridad nacional que Vox recuperó para, entre otros motivos, poner en un brete al PP a la hora de llegar a acuerdos de gobiernos, le añadimos catalana, gallega o vasca seguramente que en estas tres comunidades, nacionalidades históricas, no sonaría tan mal. Ni siquiera en otras con menor conciencia identitaria propia como Andalucía, Valencia, Navarra, Aragón y las dos Castillas. Prioridade nacional galega bien podría ser el eslogan de campaña del BNG, de una parte del PSOE y si le quitamos lo de nacional, lo suscribiría incluso el PP sin que nadie de por aquí se inmutase. De hecho, Feijóo en sus últimas campaña utilizó, con indudable éxito, la consigna Galicia, Galicia, Galicia que, si no es exactamente lo mismo, algo se le parece.
Todos los nacionalismos tratan de priorizar a sus nacionales. El concepto político, de actualidad en España, no es novedoso en otros países. En los años 70 tuvo su auge en Francia promovido por la extrema derecha del Frente Nacional de Le Pen, sustituyendo al anterior de preferencia nacional para evitar su colisión con las leyes. Aun así, la prioridad nacional que sigue propugnando la extrema derecha también es ilegal en el país vecino. Como en España. La propuesta de Vox, tendrán que decirlo los tribunales si viene al caso, presenta claros indicios de ilegalidad, aunque a los de Abascal tampoco importa mucho porque su objetivo es político. Hacerse notar en un momento en que parecen haber tocado techo. De esto saldremos de dudas antes de un mes en Andalucía.
La oferta de prioridad nacional, gallega o española, es muy tentadora. No cabe duda. Así lo reflejan algunas encuestas. Un elevado porcentaje que dicen ser votantes socialistas la ven con buenos ojos. No conozco ningún sondeo hecho en Galicia al respecto pero es probable que también simpatizarían con que nacer en Galicia beneficie a la hora de encontrar empleo, sobre todo si es de calidad, y en general en todos los servicios públicos. Este sentimiento es más acusado en las otras dos nacionalidades históricas, sobre todo en Cataluña.
En materia de empleo público tienen clara ventaja los naturales. La exigencia del conocimiento del idioma propio para acceder a una plaza en la administración excluye al resto de españoles, lo que no sucede viceversa. De igual manera que el resto de europeos no lo tienen fácil en España ni los españoles en otros países. El fenómeno es mundial. En Estados Unidos no puede ser presidente nadie que no haya nacido en el país, aunque posea la nacionalidad.
En todo caso, la propuesta de prioridad nacional español tal vez sea menos acentuada en Galicia que en el resto del país. Tenemos todavía muy presente el fenómeno de la emigración como para olvidarnos del trato que recibían nuestros antepasados en otros países de América y Europa. Recordemos por ejemplo que cuando España firmó, 1985, el tratado de adhesión a la Unión Europea (entonces CEE), se decía que el principal beneficio para Galicia sería que los emigrantes gozarían de mayores derechos en todos los países de la Unión.
Otro factor que explica la bienvenida al foráneo en Galicia puede ser el fenómeno milenario de las peregrinaciones, dando acogida a gentes de todo el mundo, así como el buen trato que damos a que quienes nos visitan como turistas o simples viajeros. No obstante, como si de una deriva paralela a la de Vox se tratara, en los últimos años aparecen síntomas de agotamiento de nuestra hospitalidad. Recordemos la polémica de los fodechinchos de hace un par de años y mensajes disuasorios -también medidas- que de manera directa o indirecta se emiten desde algunos de nuestros concellos más importantes, Santiago incluido, bajo el pretexto de apostar por un turismo de calidad. O sea, de mayor poder adquisitivo.
La prioridad nacional tal como la presenta Vox no cabe en la Constitución. Tampoco goza de buena prensa de momento, pero seguro que a muchas personas les dará que pensar. Sería bueno no frivolizar sobre el asunto y legislar de forma clara para evitar males mayores en un futuro tal vez no muy lejano. En estos momentos es necesaria la incorporación de inmigrantes al mundo laboral español pero quién nos asegura que dentro de diez años, o antes, no revertirá la situación y entonces sí podría convertirse en un serio problema. La inmigración no es factor de inseguridad; pero la pobreza sí.
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