Opinión
Tiempo de silencio

Grupo de caminantes en el cementerio de Lamas (Boqueixón) / Cedida
Celia miraba desde el Pico Sacro, con ojos tristes, a los mortales que enfilaban sus entrañas de juventud. El vecino que los guiaba aún no había nacido, pero había escuchado de viva voz testimonios de familiares y conocidos que habían presenciado el violento suceso de Rodiño. Y lo contaba como si lo hubiese vivido: con amargura, con vergüenza, con temor. No era para menos, a pesar de haber transcurrido casi ochenta años. El sentimiento le apretaba la garganta hasta segarle las palabras. Quizá se le abrían las carnes al pensar que estaba historiando a sus propios paisanos de 1947, que se habían enzarzado en una brutal pelea entre parroquias. Aquel infierno acabaría con la breve existencia de dos jóvenes, Ramiro y Pepe, que estaba ennoviado con Celia. Ella falleció recientemente, pero su casa-jardín de vieja cancilla aún se puede ver en la desviación hacia Lamas, muy cerca de la carretera que va a O Forte. Un amor de juventud jamás se olvida.
Celia mira desde el Pico Sacro con ojos tristes
El sol convive hoy con algunas nubes blancas. Los caminantes se estiran por la margen izquierda, mientras algunos coches circulan a velocidad inadecuada. La iglesia de Santa María de Lamas, restaurada hace unos años para exponer pinturas del artista local Gregorio Ferro (s. XVIII), aparece en un espacio abierto y aislado que sorprende por su buena planta en un entorno de serena belleza. Un crucero de fuste labrado luce frente a la casa rectoral. Hacia atrás descubrimos un geométrico cementerio protegido por dos cipreses unidos, tanto como el destino fatal de Pepe y Ramiro, cuyos restos allí reposan. La gente se arremolina alrededor de una de las sepulturas. Es el desenlace de la historia, que coincide con el final de la excursión a la memoria local. La sorpresa llegaría al abandonar aquel lugar mágico. Una mujer del grupo se reencuentra en la zona con una antigua compañera de trabajo. El abrazo se prolonga entre sollozos de alegría y afecto. La emoción contagia a otros andarines. Es un bálsamo para todos.
La iglesia de Santa María de Lamas aparece en un entorno de serena belleza
Una concentración de coches antiguos y caros los recibe en la carballeira de San Benito, cuya ermita abre cuando hay culto. La romería que se celebra en julio con numerosa afluencia mantiene viva la devoción. A los improvisados peregrinos les espera una gozosa comida en la Taberna del Portugués, que ya estaba allí hace cien años. Todo el lugar mantiene una fuerte identidad redimida por la reconciliación. El aire se cuela entre las ramas y las almas del Purgatorio. Celia mira desde el cielo con ojos compasivos. Es tiempo de silencio.
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