Opinión | Tribuna

Economista
La conversión de un destino cultural en otro de peregrinación
Lejos ya nos queda que nuestra ciudad, Santiago de Compostela, ha sido Capital Europea de la Cultura en el año 2.000. La distinción era el reconocimiento a la relevancia de su patrimonio histórico-artístico, con un casco histórico Patrimonio de la Humanidad, y a un liderazgo cultural derivado de una apuesta decidida en su posicionamiento, tanto en infraestructuras (Auditorio de Galicia, Centro Galego de Arte Contemporáneo,etc.) como en eventos (exposiciones, festivales de música y cine, etc.) que dieron lugar al desarrollo de un turismo cultural y urbano que no sólo supuso el establecimiento de alojamientos hoteleros de medio y alto nivel sino también una corriente de visitantes deseosos de conocer la ciudad y disfrutar de la calidad de su oferta cultural y patrimonial, manteniendo un elevado gasto medio, derivado de su mayor estancia y de la utilización de servicios turísticos acordes con la calidad del destino.
Al tiempo, la ciudad fue capaz de poner en marcha una organización turística en consonancia con tal posicionamiento. Así además de constituir Incolsa, se impulsaba una plataforma para promocionar el turismo de congresos (Convention Bureau) en el que participaron más de 100 entidades y empresas, o se promovía Santiago como ciudad de cine y para la realización de audiovisuales. En definitiva, una idea clara y una organización para desarrollarla.
Esta idea y posicionamiento fue decayendo, especialmente en los últimos quince años, de tal modo que a partir del 2.011 y merced a distintas decisiones del gobierno gallego, la Xunta de Galicia empezó a considerar el Xacobeo como su gran proyecto de país y a promocionar de modo intenso el Camino de Santiago, y en consecuencia el peregrinaje, como motivación fundamental del viaje tanto a nivel nacional como internacional. A partir de entonces, la tolerancia sobre los pisos turísticos y la creación de albergues de peregrinos sustituyeron paulatinamente a los alojamientos hoteleros en el crecimiento de la oferta compostelana.
Todo ello ha producido una modificación profunda en la imagen de la ciudad y, en consecuencia, del turismo que viene recibiendo. Así lo evidencian los datos entre el 2.011 y el 2.025: El motivo principal del viaje a Santiago pasó a ser la peregrinación del 17% al 50% así como el uso de albergues y pisos turísticos en idéntico porcentaje; la estancia media en Santiago decreciendo de 2,8 días a 1,67; el gasto de turistas se reduce sustancialmente de 58 a 45 euros sin considerar el efecto de la inflación, y crece exponencialmente el excursionismo.
En definitiva, el cambio del posicionamiento turístico de la ciudad, desde la cultura a la peregrinación, resulta enormemente perjudicial no solo desde el plano económico sino también desde la perspectiva de la calidad de la visita, al margen de la enorme congestión, deterioro y concentración que provoca sobre un espacio muy concreto de nuestra ciudad.
Sin duda, se hace necesario recuperar la imagen y el posicionamiento de Santiago de Compostela donde el patrimonio, la cultura y la educación son su más importante señal de identidad.
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